Votar sin presiones

 

No hace falta que lo haya denunciado expresamente Pablo Casado para concluir que la cacareada libertad política con que iban a poder votar los militantes inscritos ha sido uno de los grandes blufs de la primera fase de las primarias a doble vuelta, convocadas, como bien se sabe, para cubrir la espantada de Mariano Rajoy al frente del Partido Popular.

En algunas provincias y comunidades autónomas se ha notado menos, pero en otras, como en  Andalucía, la parcialidad y falta de neutralidad por parte de barones provinciales y autonómicos en favor de Sáenz de Santamaría ha sido manifiesta e impropia de un sistema de primarias. Incluso en territorios como Galicia, donde sus máximos dirigentes aparecieron en público como de perfil, se dejó correr la especie de alguna especial preferencia. De otra manera no se entiende el inesperado triunfo de María Dolores de Cospedal en tres de las cuatro provincias. Ourense, como se sabe, suele ir por libre en disputas electorales.

Viene ahora la caza y captura del compromisario de cara al congreso del 20 y 21 próximos. Son muchos los delegados natos y no pocos los que se habrán presentado por propia iniciativa, así como quienes puedan proceder de los precandidatos descolgados.

Y si bien es cierto que sobre el colectivo no pesa mandato imperativo alguno, también lo es que buen  número de los elegidos también el día 5 por la militancia ya se presentaron con el compromiso de optar en el congreso por alguno en concreto de los finalistas. Es de suponer, con todo, que quienes se volcaron en apoyos en la primera fase lo hagan ahora redobladamente de cara a la segunda y definitiva para que no se les escape un solo voto.

Otro bluf que corre también estos días es el apoyo a la lista más votada como algo consustancial, algo que estaría “en el ADN del Partido Popular”, tal como ha manifestado la ganadora de la primera fase, Sáenz de Santamaría. En el mismo sentido, algún habitual comentarista de tertulias y medios escritos ha señalado que si al final la ex vicepresidente queda en la estacada, el PP no podrá volver a denunciar las alianzas de perdedores.

El problema es que en el congreso no habrá de entrada perdedores, sino simplemente ganadores de la primera de las dos fases reglamentariamente establecidas; ganadores en el descanso; esto es, en la mitad del partido.

Se trata, como es notorio y manifiesto, de unas elecciones donde no sólo decide la  urna de la militancia, sino que existe una segunda, la de los compromisarios, con la que también hay que contar. Unas elecciones, por tanto, muy específicas que nada tienen que ver con las legislativas, autonómicas o locales ordinarias y que, por tanto, no pueden significar contradicción alguna. La pretendida equiparación resulta improcedente.

Valga, finalmente, un paréntesis sobre la que he llamado “la espantada” de Rajoy en todo este proceso. Salvo que lo reviva Sáenz de Santamaría, el marianismo, es cierto, ha caducado. Pero muchos no han –hemos- entendido mucho la abrupta desaparición que el todavía presidente ha practicado. Aunque sólo hubiera sido por dar ejemplo, debería haber acudido a votar como un militante más. Y  haber acompañado la sucesión hasta su acto final. Uno no se puede despedir así, a las bravas.

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