Miedo a la segunda vuelta

Pues no. No hubo ni el sonar de tambores de guerra, ni la colisión de trenes ni el ambiente bélico que algunos auguraban. El primer acto de las elecciones a doble vuelta que habrán de decidir la sucesión de Mariano Rajoy al frente del Partido Popular se cumplió el jueves con normalidad general y con una participación más que razonable sobre el número de inscritos, que, como se sabe, por diversas causas no fueron precisamente muchos.

La campaña, por otra parte, fue casi de guante blanco. Y a pesar del desafío frontal que los habituales amigos de la escandalera ya presagian para el futuro próximo, lo esperable es que en parecido tono discurran las cosas a partir de ahora entre los dos candidatos que han sobrevivido a la primera ronda y que se aprestan a cumplir la segunda, última y definitiva.

Victoria inicial, como bien se sabe, de Sáenz de Santamaría, pero con tan corta ventaja sobre su inmediato seguidor, Pablo Casado, que bien podría hablarse de empate técnico. Buen y merecido resultado también para la eliminada María Dolores de Cospedal, sorprendente triunfadora en Galicia tal vez por haberse dejado correr la especie de que era quien contaba con las preferencias del presidente del PP gallego y de la Xunta, Núñez Feijoo. Sea como fuere, nuestra comunidad ha vuelto a navegar contra corriente en materia electoral.

¿Candidatura única de cara al congreso de dentro de un par de semanas o celebración de verdad de la segunda vuelta entre los dos candidatos que han pasado el corte, tal como lo regulan las normas establecidas? Sáenz de Santamaría es decidida partidaria de la primera alternativa. Alega que a lo largo y ancho de la campaña la militancia le ha pedido unidad e integración. Pablo Casado, de la segunda, a la vista de lo ajustado del resultado.

No sé, sin embargo, por qué en instancias políticas y mediáticas se teme tanto a la segunda efectiva vuelta, a través en esta ocasión del voto de los compromisarios también elegidos el jueves por los militantes. Con el debate que pueda producirse no tiene por qué resentirse la unidad del partido si todo discurre con la normalidad democrática registrada hasta el momento y que es esperable se mantenga. En todo caso, la eventual ruptura estaría en el postcongreso, con la no aceptación por alguna de las partes del resultado definitivo. La continuidad – creo- del proceso hasta el final enriquecería más que perjudicaría.

De paso, uno y otro habrían de concretar más cuál es su respectivo catálogo de ideas, principios y valores que conducirían a esa invocada refundación del PP que en la primera vuelta ha quedado un tanto difusa. Porque no se trata tanto de derrotar al PSOE y recuperar el poder perdido –tesis de Sáenz de Santamaría- cuanto de asentar al partido sobre bases más sólidas, integradoras y menos líquidas que las actuales, como propugna Casado.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar