Amnistía para los rebeldes

Con mayor diligencia de la esperada, el instructor Llerena y la Sala de apelaciones  del Supremo continúan dando los preceptivos pasos en el procesamiento de los líderes independentistas catalanes. Tal vez hacia fin de año pueda celebrarse el juicio y haber –dicen-  sentencia, aunque pendiente de los inevitables recursos.

Habrá que esperar, pues,  a ver qué determina al respecto la Justicia. Pero lo grave de la situación es que el Gobierno, con  su presidente Sánchez a la cabeza, ya les ha concedido en la práctica una especie de amnistía política. Así al menos cabe con razón deducirlo de la prisa con que se ha puesto a levantar la presión sobre ellos asumiendo como prioritarias la distensión, la mano tendida, el diálogo sin líneas rojas,  y el traslado a prisiones de competencia autonómica a los políticos presos, como no dando mayor alcance a los delitos cometidos. Toda una “banalización del alzamiento”, tal como hubieran dicho los propios magistrados.

Ello lo hace justo cuando el alto Tribunal respalda las tesis de que cabe la rebelión sin armas,  de que la violencia puede inducirse para que la practiquen terceros, y de que tales circunstancias se dieron en los hechos registrados en Cataluña en septiembre y octubre últimos. Lógicamente será en el juicio oral cuando así se acredite de la forma oportuna.

Y lo hace también cuando el presidente rebelde y sus gentes no sólo no ofrecen gesto alguno por enfriar la tensión  entre el Estado y la comunidad autónoma, sino que, al contrario, hacen todo lo que pueden por alimentarla con nuevas provocaciones. El incidente de Quim (Joaquim) Torra con el embajador Morenés puede servir de incontestable botón de muestra.

Por parte independentista nada ha cambiado. Todo sigue en el mismo o peor lugar, con agentes dispuestos a mantener que la única razón es la suya.  Y muchos se preguntan: ¿Así se puede o se debe pasar página, como propugna el Gobierno? ¿Así se puede o se debe recibir dentro de unos días al empecinado e iluminado presidente de la Generalidad como si nada hubiera sucedido y esté sucediendo? ¿Pragmatismo por parte del Gobierno o más bien debilidad enorme por su parte?

Cierto es que algún día habrá que darle una salida política a las reivindicaciones del nacionalismo/independentismo catalán que procedan Pero desde luego no parece este  el mejor momento para abordarla ni aunque sea a título exploratorio. Como decía mi padre para resolver determinadas controversias infantiles domésticas, no riñen dos como uno no quiera. Pues eso: mal van a negociar cuando una de las partes no se aviene a ello y la otra no baja de la higuera.

Tiene gracia algún ilustre columnista cuando dice que Moncloa llevaría la Constitución como línea roja a no traspasar y que nadie se imagina a un Gobierno español saltándose le legalidad. ¿Ingenuidad o desmemoria? Zapatero se la saltó alegremente con el Estatuto de 2006 que el TC echó por tierra. Y con su hijo político Pedro Sánchez bien puede suceder lo mismo: cualquier cosa es posible.

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