La fuerza de la tercera edad

La crisis de la natalidad y la alta esperanza de vida han proporcionado un ambiente social en el que cada vez es más frecuente encontrarse con personas jubiladas por la calle, a veces con nada o muy poco que hacer. A pesar de que se trata de personas que se encuentran, muchas de ellas, en perfectas condiciones físicas y espirituales, la realidad es que las instituciones y corporaciones varias, a diferencia de lo que pasa en otras latitudes, no las suelen tener muy en cuenta.

En efecto, cada vez hay más gente mayor y no tan mayor, los prejubilados entre cincuenta y sesenta años, que están en perfectas condiciones para seguir ofreciendo a la sociedad sus conocimientos y experiencia acumulada a lo largo de los años. En Suecia, por ejemplo, lo han entendido perfectamente. Tanto es así, que ahora los jubilados son el sector social más activo en trabajos de voluntariado. Un reciente informe sobre la materia acredita que la sociedad del bienestar también es sensible a la capacidad de ayudar y colaborar de las personas jubiladas. Tal informe revela que los jubilados no se contentan con recibir las prestaciones y cuidados sociales a que tienen derecho pues siguen siendo muy productivos. Según el estudio, de cada dos jubilados, uno colabora en asociaciones de voluntariado por lo menos quince horas al mes.

En fin, que los jubilados son necesarios en la sociedad. Aportan mucho y merecen todo nuestro respeto y apoyo. Los jubilados son un gran potencial. Muchos quieren colaborar y hay que facilitar la posibilidad de que los que quieran, y puedan hacerlo, sigan ofreciendo lo mejor de ellos mismos para, en otras tareas, contribuir al enriquecimiento de la vida social. Todos somos necesarios. Los jubilados, los que estamos en activo y los que están por venir. Todos.

 

Jaíme Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad de Santiago de Compostela

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar