Gozo y estío

Decía Lord Byron que el recuerdo del gozo ya no es gozo, mientras que el del dolor todavía es dolor. Siempre me ha impresionado la profundidad de tal pensamiento. Las palabras de Byron evocan el gozo, lo que alegra el alma y da sentido a la vida. El gozo sano, lejano a la malicia o los deleites vulgares. De este asunto siempre trato de escribir transcurrido suficiente tiempo para permitir que mis pensamientos se asienten, pero siempre que vuelvo sobre él no deja de parecerme que las palabras del célebre escritor contienen una verdad aún más profunda de la que yo suponía.

Pensar sobre el gozo no es fácil en días somnolientos, como los que este mes de junio nos está deparando. No obstante, las fechas deberían ser justamente las propicias para ello, pues el sol se eleva cada día un poco más en el horizonte, a punto de culminar el solsticio. Llega el éxtasis del astro rey, que dará paso al verano.

Así que la madre naturaleza nos lanza el mensaje de despertar a la vida y al goce, de olvidar el frío y la oscuridad. Byron, como buen romántico, se inclinaba, más bien por las tinieblas. En estos días de nubes y frío a desmano, el tiempo parece querer darle la razón.

 

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