Ahora Feijóo

Mi padre me enseñó que el poder es un pez en el agua que se deja coger con la mano, pero cuando lo crees tuyo para siempre, y vas a sacarlo del mar, se escurre para entregarse a otras manos. Con esta imagen en mi magín he observado de cerca a muchos políticos, amigos y contrarios, quienes creyéndose dueños del pez han errado históricamente. Lo he visto acontecer de modo particular y colectivo.

Al PP se le está escurriendo el pez y con la vuelta a casa de Mariano, dejando las artes de pesca revueltas, ofrece la imagen de una cofradía desconcertada donde mandan las ambiciones personales y la mala digestión del banquete del mando casi absoluto. Un pez agarrado en 2011 con la toma del Gobierno central, los ejecutivos de diez comunidades autónomas, la mayoría de las diputaciones y multitud de ayuntamientos importantes. Ahora, sobre la mesa del comedor de Génova, los platos están casi vacíos, sucios por la corrupción aznarista, mientras el pez mira desconfiado hacia Ciudadanos.

El triunfo inesperado de Pedro Sánchez ha descompuesto visiblemente la pirámide interna del PP. La gran obra de Kefrén se ha convertido en tres pequeñas de Micerino irreconciliables, al tiempo los sacerdotes del templo se han lanzado a degüello contra el líder socialista, poniendo en marcha los mecanismos habituales de crispación con los que Aznar triunfó en Castilla y León primero y alcanzó La Moncloa después. Esto es, no han aprendido nada de lo acontecido en los cuatro últimos años y, además, tampoco han analizado el nuevo escenario. La vieja mecánica les puede, aunque el público ya no les aplauda.

Así las cosas en la casa conservadora, Pedro Sánchez ha presentado un Gobierno sólido para durar hasta el final de la legislatura. El pez en su mano viene fresco y vivo, sin rémoras del pasado, con experiencia y solvencia -profesionales y políticas-, con ímpetu para convencer aunque no llegue a vencer a corto plazo. Dos años son mucho tiempo, tanto para el Gobierno como para la oposición. Por tanto, la próxima cabeza visible del PP no lo va a tener fácil.

Aunque Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal ya han iniciado la recolecta de apoyos para sustituir a Rajoy, el tercero en discordia, Núñez Feijóo, aparece como el pescador mejor colocado para ejecutar la renovación. Su currículum -la gestión es otro cantar- es el más acreditado para transmitir la idea de cambio que la derecha histórica necesita. Su hoja de servicios no muestra fracasos en ninguno de sus puestos políticos. Hizo oposición (también crispada) al Gobierno Bipartito gallego, ha ganado tres elecciones por mayoría absoluta, ha mantenido al díscolo PPdeG en calma y no ha participado de la derrota de Mariano como sus dos contrincantes. Con esos avales, sin entrar en profundidades, puede que lo veamos pronto en el despacho principal de Génova.

Pero el ahora de Feijóo puede no ser su mañana y la travesía del desierto ser más incierta de lo que la ilusión pinta. El PP tiene por delante noquear a Ciudadanos, cambiar y democratizar el discurso, olvidarse de la reconquista bélica como sistema, además de limpiar la casa de los excrementos del pasado. Un pez nada fácil de manejar.

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