Partidos emergentes

 

En algunos países europeos nuevos partidos y movimientos políticos están teniendo éxito frente a las formaciones y estructuras tradicionales. Esta ha sido  la formulación de partida del sondeo de opinión que el Parlamento europeo ha realizado (Eurobarómetro 18) entre unos 30.000 ciudadanos de la UE –de ellos, 1.005 españoles- para hacerles una serie de preguntas sobre esa ya más emergida que  emergente realidad.

Un estado de cosas que está llamando con fuerza a las puertas no sólo de la Unión Europea, sino también de  no pocos países miembro. Y es que si en 2013 –se recuerda- sólo había dos formaciones de nuevo cuño con representación en los Parlamentos nacionales, hoy éstas suman 43. Bajo esta etiqueta, el Eurobarómetro engloba fuerzas tan rupturistas como el italiano Movimiento 5 Estrellas y también otras que abrazan valores europeístas y que no son antisistema, como La República en Marcha del presidente Macron, en Francia, y nuestro Ciudadanos.

Cuando se pregunta si la pertenencia a la UE está resultando buena o mala para los respectivos intereses nacionales, la encuesta detecta una recuperación de la adhesión hasta  niveles no alcanzados desde 1983. Es muy probable –comentan los analistas- que el ejemplo del bréxit haya influido en dicha mejora. Las dificultades que afronta el Reino Unido ante la prevista desconexión con Bruselas y el problemático futuro que por ello en las islas se dibuja, tal vez han vacunado a un buen número de ciudadanos contra veleidades rupturistas.

Paradójicamente, esta especie de fiebre europeísta se produce en un tiempo en que se ha registrado un notable  incremento del voto a formaciones que impugnan tanto la construcción europea como los sistemas de partidos vigentes, hasta el punto de haber transformado por sí solo el paisaje político  de buena parte de los países socios, donde los partidos nuevos han entrado en los Gobiernos, apoyan desde fuera o son la principal fuerza de la oposición.

Las respuestas constatan también que para un  70 por ciento estar simplemente en contra de algo no sirve para mejorar nada. Pero un 56 por ciento se siente cómodo con la idea de que hace falta “un cambio real”; un 53 por ciento entiende que la nueva política puede encontrar  “soluciones mejores” a los problemas, y sólo un 38 por ciento cree que ésta significa una amenaza para la democracia. Alemania es en este último aspecto la más temerosa.

Por lo que a los ciudadanos españoles consultados en concreto se refiere, las expectativas  son mayores y las críticas, menos intensas. No en vano nuestro país es uno de los pocos donde los emergidos no han llegado todavía al poder o ni siquiera se han puesto a la cabeza de la oposición.

No obstante, la encuesta es muy reciente (fue realizada entre el 11 y 22 de abril último) y, por lo que parece, todavía no han surtido efectos negativos polémicas actuaciones de los dirigentes de Podemos (no sólo de la pareja Iglesias/Montero)  o la inacción de Ciudadanos en Cataluña tras haber ganado las autonómicas de diciembre.

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