De nuevo la Reforma

Pedro Sánchez ya es presidente del Gobierno. De nuevo los socialistas llegan al poder después de un periodo conservador en el que han primado la simulación sobre la realidad, la imposición sobre el pacto, la contrarreforma contra los avances sociales y el conformismo contra cualquier posible revolución.

España arrastra una larga historia de contrarreformas y un escaso balance de reformas. Aquí las revoluciones sociales nunca han sido posibles. Mientras Europa se reformaba religiosa e ideológicamente, nuestros ancestros vivían una contrarreforma ultracatólica que durante centurias nos ha mantenido como “reserva espiritual de occidente”, sin ser capaces de poner punto final a un concordato que privilegia a la Iglesia de Roma sobre cualquier otra creencia. Una situación de poder fáctico al que los partidos conservadores rinden obediencia hasta el ridículo de otorgar medallas de mérito a vírgenes y santos.

Mientras en Europa, de París a Moscú, triunfaban las revoluciones sociales y el pensamiento enciclopedista, en nuestra península nos desangrábamos en guerras carlistas, de sucesión o con la anulación de la primera Constitución moderna del continente. Ni el mayo francés del 68, ni el movimiento hippie después, tuvieron aquí su reflejo de apertura, que el franquismo saldó con la autorización del bikini en las playas y el triunfo de Massiel en Eurovisión.

Sólo la reforma de la transición y los gobiernos de Felipe González figuran en el haber de los grandes cambios modernizadores. Pero antes de consolidarse aquella transformación llegó Aznar y mandó parar. Zapatero lo intentó de nuevo y los poderes fácticos dieron al traste con el esfuerzo. El manoseo de la crisis y los sucesivos gobiernos de Rajoy han pretendido asentar una contrarreforma conservadora y clasista bajo el paraguas del miedo y del parón económico. Un movimiento frustrado en sí mismo por la herencia recibida de los gobiernos de Aznar: corrupción, burbuja inmobiliaria, fuga de capitales a paraísos fiscales, desproporcionado gasto armamentístico, abandono de los servicios sociales…

La contrarreforma de Rajoy: privatizaciones de la educación y de la sanidad, reforma laboral, recentralización del poder político, ninguneo del poder legislativo, control del poder judicial, concentración del poder bancario, dominio de la comunicación, falseamiento de la realidad… nos ha retrotraído a situaciones de un pasado que creíamos enterrado.

Ahora a Pedro Sánchez, en una posición de interinidad extrema, le corresponde de nuevo llevar al país por el camino de las reformas. No lo tendrá fácil dentro de una UE dominada por el capital especulativo -que trata a la ciudadanía solo como consumidores-, dentro de una España agobiada por las desigualdades y divisiones territoriales, rodeado de intereses partidarios de todos los colores y con un PP enfrente dolido, dividido y enfangado en sus mentiras. Pero todo es siempre posible con ideas, trabajo y voluntad, incluso la reforma interna y necesaria del PP en un partido dialogante y pactista, si no quiere desangrarse y permitir el triunfo de Ciudadanos, una formación indudablemente más anacrónica que la parte más dura del partido de Rajoy.

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