50 años del primer asesinato de ETA, el guardia civil gallego José Antonio Pardines

A las 17.30 horas del viernes 7 de junio de 1968; José Antonio Pardines Arcay, guardia civil de la Agrupación de Tráfico, perteneciente al Destacamento de San Sebastián, hijo y nieto de guardias civiles, natural de la localidad de Malpica (A Coruña), soltero y de 25 años de edad, regula la circulación en una zona de obras de la carretera Nacional I Madrid-Irún, a la entrada de Villabona (Guipúzcoa); un pueblo de apenas tres mil habitantes encajado en el valle industrial en el que también se encuentran Aduna, Zizurkil, Irura, Anoeta y Andoain. Su compañero Félix de Diego Martínez, se encuentra a unos dos kilómetros, al final de la zona de obras; para entre los dos realizar los necesarios cortes de circulación en ambos sentidos.

Todo transcurría con normalidad, pero José Antonio situado en el punto kilométrico 446,700, era un hombre de detalles y algo le llamó la atención en aquel Seat 850 Coupé blanco, con matrícula de Zaragoza 73956. Así que decidió ir tras él. Montó en su motocicleta e interceptó con gesto autoritario el coche sospechoso. Saludó reglamentariamente a los dos ocupantes (Javier Etxebarrieta “Txabi” e Iñaki Sarasketa), les pide la documentación del vehículo y rodea este y se agacha para verificar si los números de la documentación se correspondían con los del automóvil, los del motor y los del bastidor. Era un hombre concienzudo y consciente de su trabajo. Ésa fue su última actuación. Del coche salieron los dos ocupantes. Uno de ellos, “Txabi”, sacó su pistola y le disparó un tiro en la cabeza a quemarropa.

En ese momento atravesaba la carretera un camión de la empresa alimentaría “Mina” de Pamplona, cuyo conductor (Fermín Garcés Hualde), al oír el ruido, pensó que había pinchado y detuvo el camión. Al ver la escena, trató de reducir al autor de los disparos, pero rápidamente fue encañonado por Sarasketa, obligándole a soltarle. Fue entonces cuando el autor del disparo apuntó de nuevo su arma contra José Antonio Pardines, caído en el suelo malherido, rematándole de otros cuatro disparos que le alcanzaron en el pecho.

Los dos etarras aprovechando la confusión emprendieron la huida y pasaron junto al compañero de Pardines, que no se había percatado de nada. Fue el camionero navarro quien le informó del tiroteo. Félix de Diego, acudió al lugar en el que había sido asesinado su compañero Pardines. Lo encontró tendido en el suelo, rodeado de un gran charco de sangre. Apenas pudo dar la voz de alarma para que se montara el dispositivo de captura de los asesinos.

Inmediatamente se organizó la persecución instalándose controles en las carreteras. Localizándose el coche, ya abandonado, en las proximidades de Tolosa (Guipúzcoa). Sobre las diecinueve horas, en las cercanías de Benta Haundi Javier Etxebarrieta “Txabi”, e Iñaki Sarasketa fueron interceptados por una patrulla de la Guardia Civil. “Txabi”, autor de los disparos que acabaron con la vida de Pardines, no estaba dispuesto a entregarse. Sacó de nuevo el arma. La maniobra fue descubierta por los agentes. Se produjo un tiroteo en el que resultó herido de gravedad “Txabi”. Siendo trasladado al hospital de la localidad de Tolosa, donde murió. Su cómplice Sarasketa logró darse a la fuga durante el transcurso de la refriega, aprovechando la confusión del momento; a punta de pistola detuvo un vehículo obligando a su conductor a trasladarle a Regil (cerca de Zarauz). En la madrugada del 8 de junio fue detenido en compañía del cura párroco, que le había ocultado en la iglesia de la localidad guipuzcoana de Regil.
Txabi, bilbaíno y economista de 22 años, era el máximo responsable del aparato militar de ETA. Siempre había defendido que a la banda no se la tomaría en serio hasta que se produjeran las primeras muertes. “para nadie es un secreto que difícilmente saldremos del 68 sin ningún muerto”, aseguró en la revista ‘Zutik’, en aquella época el ‘BOE’ de ETA. Seguro que no había sospechado que la suya sería la segunda.
Veinte años más tarde, en junio de 1998, Iñaki Sarasketa declaró: «Supongo que el guardia civil se dio cuenta de que la matrícula era falsa. Al menos, sospechó. Nos pidió la documentación y dio la vuelta al coche para comprobar. Txabi me dijo «Si lo descubre, lo mato»…Le contesté: «No hace falta, lo desarmamos y nos vamos»… Salimos del coche. El guardia civil nos daba la espalda. Estaba de cuclillas mirando el motor en la parte de atrás…Susurró: «Esto no coincide…». Txabi sacó la pistola y le disparó. Cayó boca arriba. Volvió a dispararle tres o cuatro tiros más en el pecho. Fue un día aciago. Un error. Era un guardia civil anónimo, un pobre chaval. No había ninguna necesidad de que aquel hombre muriera». Suplemento Revista El Mundo 7 de junio de 1998

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