Encuestas tempranas

 

Hacer proyecciones  electorales a un año vista de la convocatoria, cuando los principales partidos no tienen confirmado  el candidato cabeza de cartel, y ello en unas elecciones como las locales donde tanto prima el aspirante a la alcaldía, es un ejercicio de escaso  alcance demoscópico.

En tales circunstancias lógico resulta que el número de indecisos/opacos y presumibles abstencionistas sea muy alto y que tal dato reste todavía más  valor a las previsiones electorales. Es lo que sucede con la reciente encuesta de la empresa Sondaxe en las siete principales ciudades gallegas, hecha antes de que la precipitada moción de censura contra el Gobierno central por una cuestión no gubernamental amenazara la estabilidad  general.

A pesar de todo, cabe destacar que a doce meses de las próximas elecciones locales la encuesta vislumbra un tímido desgaste de los actuales gobiernos municipales luego de tres años en el poder. Desgaste o deterioro del que se libra el localismo sin escrúpulos de Abel Caballero (PSOE) en Vigo y que es muy tibio en Pontevedra, con Fernández Lores (BNG) a la cabeza, mientras que resulta más notorio en Lugo (PSOE) y en las Mareas y aledaños de A Coruña, Santiago y Ferrol. En Ourense el PP se quedaría como está y el PPdeG volvería a ser la fuerza más votada.

El escenario aparece más fragmentado de lo mucho que ya lo es debido a lo que algunos llaman “irrupción” de Ciudadanos, aunque la presencia del partido naranja en algunos Concellos capitalinos se prevé como muy minoritaria a pesar de que presumen de tener su fuerte en el voto urbano.  Al menos aquí en Galicia no sería así.

Salvo en la ciudad olívica,  no se vislumbran mayorías absolutas y sí la pervivencia de inestables coaliciones de dos o tres partidos, cuando no de gobiernos en minoría,  que al menos en estos últimos años se han traducido en frecuentes conflictos políticos y en la consiguiente pérdida de eficacia en la gestión  municipal. Dicen los entendidos que los gobiernos mayoritarios, estables y cohesionados han pasado a mejor vida, al menos en las ciudades de 10.000 habitantes para arriba. La Galicia rural es otra cosa.

No obstante, la parálisis municipal observada no es  sólo efecto sobrevenido de la fragmentación política, sino responsabilidad  también de los propios equipos de gobierno. En A Coruña, por ejemplo, la Marea de Xulio Ferreiro apenas ha sacado obras a licitación. Pero el alcalde no puede refugiarse este año en un supuesto bloqueo de la oposición porque el PSOE dio el voto favorable a los presupuestos sin apenas poner condiciones. Y la inactividad ha sido el cuarto problema o preocupación de los coruñeses detectado en la encuesta, tras el paro, el tráfico y las infraestructuras.

En líneas generales, la impresión de los conciudadanos es que la situación política local  no sólo no ha mejorado, sino que ha empeorado de forma notable, especialmente en Ferrol, donde las trifulcas entre el equipo de gobierno y el PSOE  han sido constantes. Pero también en Lugo, A Coruña y Ourense. La mejora más ostensible se registra en Santiago. Se ve que en Compostela quedaron más que hartos del convulso mandato anterior del PP.

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