Tardía y excesiva

 

Si por supuestas proximidades con el Partido Popular los jueces Eugenio López, Concepción Espejel y creo que algún otro fueron apartados en su momento del Tribunal que habría de juzgar la primera gran etapa de la trama Gürtel (1999-2005), no sé si no procedería hacer lo propio –-en este caso por enemistad manifiesta- con los magistrados que han firmado la sentencia de marras, a fin de que no vuelva a pasar por sus manos nada que huela a PP.

El voto particular del presidente del tribunal juzgador y ponente inicial, Ángel Hurtado, disipa dudas al respecto,  al señalar que durante la vista los dos magistrados que formaron la mayoría de la condena tomaron decisiones con evidente inquina contra el Partido Popular. Ellos fueron, en definitiva, quienes forzaron la comparecencia de Mariano Rajoy como testigo y quienes ahora le han dejado el recado de que dudan de su credibilidad.

Desde luego, desde la apariencia de imparcialidad no se entienden, por desproporcionadas y excesivas, las penas impuestas a los principales acusados, que han sorprendido no sólo al ciudadano de a pie, sino –estoy seguro- a no pocos juristas. La condena se daba por descontada, pero no tanta.

Cuesta, en efecto, aceptar que por un entramado de amaños de adjudicaciones públicas, beneficios irregulares y otros manejos económicos,  al cabecilla del mismo, Francisco Correa, le hayan caído a pesar de su colaboración con la Justicia 51 años de cárcel; esto es, diez más que la pena definitivamente impuesta al etarra Txapote y a su compañera Irantxu Gallastegi por la participación en el secuestro y asesinato del concejal de Ermua Miguel Angel Blanco.

Más allá de los delitos terroristas, está también el caso del parricida José Bretón, condenado a 40 años de prisión por asesinar a sus dos hijos pequeños y luego quemar los restos en una hoguera. Es decir, muy por debajo de Correa y muy poco por encima del segundo en mayor medida castigado, el ex alcalde de Majadahonda, y del que fue secretario de Organización del PP gallego, Pablo Crespo. Mal resiste finalmente la comparación con procedimientos  similares, como los del Palau catalán (máximo 9 años) o Filesa (11 años).

La sentencia no es firme. Quedan los más que previsibles recursos ante el Supremo. Pero el estropicio político sobre el Partido Popular es enorme. Y lo que venga, pendientes como están –por ahora- varias piezas separadas de la Gürtel, las operaciones Púnica y Lezo y los papeles de Bárcenas. Todo un calvario judicial y político, con moción de censura incluida contra un Gobierno que como tal nada ha tenido que ver con el caso. Ni él ni ninguno de sus miembros.

No me resisto, finalmente, a pasar por alto el tratamiento dado a  Eduardo Zaplana, enviado directamente a la cárcel sin posibilidad de fianza aquejado como está de una grave dolencia. Tribunales, Instituciones penitenciarias o quien fuese se comportaron en su día de forma más humanitaria con el etarra Bolinaga, excarcelado, sin embargo, por lo mismo: grave dolencia.

 

 

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