El mundo de Cristina

No es su problema. Allá la Universidad y sus irregularidades administrativas. Ella se limitó a matricularse en un máster, al que ahora dice renunciar y que parece no interesarle.

El problema no es si hizo o no hizo el ya famoso, sin aparecer, trabajo de fin de máster, si lo defendió como dijo, con fecha concreta, lugar y detalles como la corta duración del acto. El problema, para ella, es de la Universidad, por haber emitido un acta sobre ese hecho, que no había sido solicitada (?) y sobre la que la propia Universidad decidió abrir expediente informativo solo unos minutos después.

Quizá en el mundo de Cristina sea muy normal estudiar (?) con las facilidades que a ella -y parece que a algunos otros compañeros de actividad política- le ofreció, según dice, la propia Universidad, en atención a su condición de delegada del Gobierno, sobrevenida (?) muy poco después de matricularse. Si es así, la aún presidenta de la Comunidad de Madrid dice que pide disculpas.

Quizá en el mundo de Cristina -con cargos políticos desde que fue elegida diputada en la Asamblea de Madrid a los 26 años- las cosas ocurran así.

Pero si tan siquiera se para a pensar que fuera de esa burbuja la realidad es muy distinta, si no le importa lo que su actitud y su actuación significan para millones de estudiantes que tienen que esforzarse para obtener un título, si no le afecta la pérdida de prestigio de una Universidad a la que estuvo vinculada desde su creación, y del propio sistema universitario, no estará de más que la ayuden a salir de su burbuja y la hagan bajar al mundo real.

Por el bien de los ciudadanos. Y también por el suyo.

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