Cronicas, también mordaces

Leo, con gusto a Antuña, a diario (es de comunión diaria con la pluma), y me asombra el ingenio, la vastedad de conocimientos, ese poso que va dando la vida cuando (Machado dixit) se va haciendo camino al andar.

Y al acabar cada crónica, aplico los dos sentidos a mayores que como mínimo tenemos los gallegos, para saborear su contenido y quedarme con la esencia archivada en mi almario: el “sentidiño”, y el “trasacordo”.

El “sentidiño”, que puede ser el sentido común adaptado a nuestra singular individualidad, me señala la ecuanimidad del que escribe, lo cargado de razón que se evidencia y la adecuación del total a una norma básica de “vive y deja vivir”, con lo cual a este asturiano hay que reconocerle una galleguidad bastante más que fronteriza.

En cuanto al “trasacordo”, que viene a ser como una segunda oportunidad al juicio sobre lo escrito, en la que se barajan una postura y la contraria, las posibilidades de opinión siguiendo una inmaterial rosa de los vientos, el reposo del guerrero de la palabra, también le es favorable; y a menudo una sonrisa es el fruto de esta relectura mental.

Y en ningún casos me encaja esa mordacidad, por lo que acudo a la RAE, que considera es mordaz lo que “corroe o tiene actividad corrosiva”, “aspero, picante y acre al gusto” o que “murmura o critica con acritud o malignidad no carentes de ingenio o normalmente ingeniosas”.

Pues la Rae me lo pone más difícil aunque me deja una puerta de salida. Yo no veo en la palabra escrita de Joaquín (tampoco en la hablada), “actividad corrosiva alguna”, ni es “áspero, picante y acre al gusto”. Y si me apuran, tampoco “murmura o critica con acritud o malignidad”. Pues no. Estoy de acuerdo en lo que sigue de “no carentes de ingenio” y en lo de “normalmente ingeniosas”, que ciertamente encajan –aunque se quedan cortas- en el sentido vital de sus crónicas.

Estamos, pues en que Joaquín es de crónica diaria, que sus crónicas son vivas, actuales, directas, humanas, “normalmente ingeniosas”, o mejor “nunca carentes de ingenio”. Pero no acabo de verlas mordaces.

Las veo críticas con la maldad, con la incuria, con la pobreza, con la desigualdad… duras incluso contra las lacras sociales, las carencias, las guerras, los abusos… Y si él cree que son mordaces es que no saber ser corrosivo, no es áspero, no tiene acritud ni malignidad, y su mordacidad la tiene muy –pero que muy- comedida, sometida a los sentimientos austeros y ecuánimes parejos a los elementos dominantes en las duras costas de nuestras tierras –asturiana y gallega- que impiden acideces y desmanes, y limpian las mentes de contaminaciones discordantes.

En fin, que me complace saludar con alborozo estas CRÓNICAS MORDACES que vieron la luz primera en las páginas intangibles de la plataforma en internet GALICIA DIGITAL (www.galiciadigital.com), que traen a los internautas gallegos esencias cosmopolitas y universales, y recomiendo su lectura para comprobar que son incisivas, justicieras, claras, contundentes y lo mejor que tienen de la mordacidad es lo de ser ingeniosas, muy por encima de lo normal.

 

Texto de la Introducción del libro CRÓNICAS MORDACES, de Joaquín Antuña, que recoge artículos publicados en OPINION, de www.galiciadigital.com

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