El CIS y la corrupción

De nuevo el CIS pone en el candelero la corrupción. Sigue siendo, tras el  paro, el segundo problema más grave  que perciben los españoles. Ahora, en el mes de enero de 2018,  la preocupación ciudadana por la corrupción escala tres puntos  y medio desde las últimas elecciones catalanas.

En efecto, durante el pasado mes de enero la ciudadanía se muestra más preocupada por un fenómeno tan antiguo como el ser humano que en este tiempo ha crecido exponencialmente. La proliferación de casos de corrupción a lo largo y ancho de la geografía nacional,  debiera disparar las alarmas en los cuarteles generales de los partidos políticos, de forma y manera que los ciudadanos perciban que se dejen atrás viejas formas de estar y hacer política. La realidad, sin embargo, acredita que todavía hay una mayoría de españoles que desconfía de los partidos políticos como instituciones de interés general y de las promesas de muchos dirigentes asentados por décadas en la cúpula de estas organizaciones. La ciudadanía, entre resignada e indignada, considera en este barómetro del CIS que el tercer problema más grave que nos aqueja, tras el paro y la corrupción, son los políticos, la clase política.

La ejemplaridad, decía Hume, es escuela de humanidad. Cuando los políticos se ocupan en serio de los asuntos del interés general, entonces ordinariamente no hay tiempo para cosas distintas que trabajar de sol a sol por la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos. En cambio, cuando el fin de la actividad política consiste en el cálculo y en la astucia para permanecer como sea en la cúpula, entonces la corrupción, de una y otra forma, con más o menos intensidad, está servida. Lo comprobamos, lamentablemente, a diario.

 

Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Santiago

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