Apropiación indebida

Estuve dándole vueltas a la idea de dejar pasar esta semana. De no publicar nada. De hacer mutis por el foro. Llevo más de cuatro años predicando cada semana sobre la igualdad de oportunidades, la paridad, las cuotas, la discriminación positiva, la escasa presencia de mujeres en las direcciones. La lista es interminable.

Constato que desde hace semanas las mujeres ocupamos portadas, debates televisivos y tertulias radiofónicas. Se habla de igualdad y de brecha salarial hasta en las peluquerías… En las calles hay manifestaciones e incluso las plumas más prestigiosas dedican sus columnas al 8 de marzo.

Pensé que ante tanta avalancha de información y opinión no hacía falta mi humilde aportación semanal. Para eso, me dije, tengo las otras cincuenta y una semanas del año.

Pero he cambiado de parecer. Porque tengo algo que decir y no me lo quiero callar.

Y como otra de las cosas que está de moda es la de hablar de la libertad de expresión. Entonces, me dije: pues en nombre de la sempiterna libertad de expresión, escribo.

Y lo hago para decir que me siento incómoda y sé que no soy la única. Asisto perpleja al concurso de quien es más feminista. Sólo falta un programa televisivo de prime time al estilo master chef que defina categorías del tipo: premio al que más ayuda en las tareas del hogar, premio al que mejor se ocupa de los niños, al que paga lo mismo a hombres y mujeres (o mejor: al que paga más a las mujeres que a los hombres), premio al que lleva más mujeres en sus listas, al que tiene más diputadas, alcaldesas y concejalas, etc.

Todo vale para subirse al carro y alzarse como el paladín defensor de las mujeres, el único que realmente (los otros lo hacen por puro chiste) desarrolla políticas de igualdad, aunque sean de un sólo uso, como los kleenex, de usar y tirar.

Todo vale. Vale decir hoy que el tema de la “igualdad” no debe ser usado como asunto partidista y a los diez minutos, que el partido de enfrente es machista, retrógrado y que no le importan las mujeres, etc.

He oído gritos en manifestaciones “contra el capitalismo patriarcal machista y neoliberal” (todo eso en la misma frase) como si el problema fuese el capitalismo, como si los otros modelos económicos: socialismo, comunismo en sus distintas versiones: China, Cuba, Venezuela… fuesen el paradigma de la igualdad entre sexos. Claro, ahí están las Castro, las Maduro y las Chávez…

 

Asisto perpleja a la confusión extraordinaria de conceptos. Al recurso fácil de llamar la atención y conseguir titulares con el lenguaje soez y empobrecido. Al buenismo de pensar que ser mujer es un valor moral positivo en sí mismo.

 

Sobran oportunismo y demagogia. Sobran gestos y fotos sin contenidos. Sobra la frivolización y la simplificación. Las mujeres no son un colectivo del que ningún partido político, sindicato, ni organización alguna pueda adueñarse. Me niego a aceptar que se califique el grado de compromiso  por ir o no ir a una huelga, por ser o no ser #metoo. Ojalá las cosas fuesen tan simples como este juego casi infantil de colocarse para el selfie y a ver quién sale mejor.

 

 

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