Tristes por el éxito

Más de uno anda cabizbajo estos días: el español Luis de Guindos tiene ya todas las papeletas en su mano para convertirse en vicepresidente del Banco Central Europeo. Salvo que acontezca una catástrofe, el hasta ahora ministro de Economía recibirá el último espaldarazo en la cumbre europea del 22 y 23 de marzo próximo. En esta cita, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea confirmarán el regreso de España al lugar de donde nunca quiso haber salido: el Consejo de gobierno del organismo que, instituido en 1998 por el Tratado de Ámsterdam, dirige la política monetaria del euro.

No sé si estarán tristes los irlandeses ante la retirada a última hora de su paisano y también candidato Philip Lane, brillante académico reconvertido en banquero central de su país. Les queda, sí, el consuelo de haberlo visto como el aspirante “más convincente” en el examen –no vinculante- habido ante el Comité de asuntos económicos y monetarios de la eurocámara.

Desde luego quien sí está afligida es la oposición política española, que aquí y en Bruselas ha sido incomprensiblemente –o no- la más beligerante contra nominación de Luis de Guindos. Todo un disgusto al ver cómo tanto el Gobierno como él mismo han sacado adelante la candidatura con el apoyo de los principales países del euro.

Lo del PSOE ha sido para nota. Primero su gran objeción fue que no se llamaba Luisa; es decir, que no era mujer quien optaba a la vacante en Frankfurt, como a su juicio por aquello de la cuota debería ser, lo que la redicha Margarita Robles interpretó como “un desprecio para las mujeres”.

También cargó contra el dedazo del Gobierno, pasando por alto que ellos mismos enchufaron en su día a la ex ministra Margarita Álvarez para ocupar la vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones (BCI), teniendo ésta como tenía y tiene un perfil de todo menos técnico.

Nuestro paisano José Blanco echó el resto -y se quedó tan ancho- al referirse a De Guindos como “responsable de la quiebra” (sic) de Lehman Brothers, el cuarto Banco de inversión más grande de Estados Unidos y una bancarrota que abrió una enorme crisis bursátil mundial cuando el aludido no pasaba de ser modesto director de la entidad en España y Portugal.

Al fin y al cabo, el mezquino interés del Partido Socialista era propiciar una derrota internacional del Gobierno. Todo lo demás ha sido excusa y pretexto. Porque hasta lo de la cuota no lo cumple ni él en la Ejecutiva federal.

De Ciudadanos se esperaba más, pues no en vano el hasta ahora ministro de Economía había venido siendo el gran valedor de Albert Rivera y su partido en las relaciones con Moncloa cuando de economía y aledaños se trataba. Incluso se llegó a puentear ante Rajoy al mismísimo Montoro.

En Bruselas, Ciudadanos ha hecho muy poco o nada por la candidatura española hasta el punto de que dejó el voto en manos de una diputada belga. El grupo de la eurocámara en el que sus dos parlamentarios están integrados se decantó por el irlandés.

Rajoy, por su parte, ha pagado la deuda política con un ministro que le fue leal en los tiempos oscuros y que ha manejado la economía española en la etapa más difícil que desde la Transición se recuerda. Si ya hace unos días hizo lo propio con su jefe de gabinete Moragas dejándole ir a la embajada en Naciones Unidas, uno de los premios mayores para un diplomático, ahora le ha tocado el turno a De Guindos. Es de bien nacidos –dicen- ser agradecidos.

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