La prisa nos va a matar

Dice el viejo refrán que la prisa es mala consejera. Pero ni lo viejo ni los refranes están de moda en un mundo que se mueve a creciente velocidad.

Y no siempre es buena la velocidad ni el vivir de prisa es garantía de nada positivo.

Si la comida rápida está generando una peligrosa epidemia de obesidad y llenando nuestras arterias de colesterol malo, también la moda rápida, la fast fashion, amenaza con hacer inviable la gestión del enorme volumen de ropa vieja que estamos generando.

Asomarse a las cifras produce vértigo. Dicen las estadísticas que cada año se producen cien mil millones de prendas de ropa en el mundo. Occidente compra un 50 % más que a comienzos de este siglo, lo que significa que la vida útil de nuestros vestidos se ha reducido prácticamente a la mitad.

 Cada español desecha entre siete y 14 prendas al año, según la fuente a que se acuda. Suma 326.000 toneladas, que no son muchas si las comparamos con el millón que alcanzan en el Reino Unido o Alemania o los 13 millones de Estados Unidos, los reyes en eso de la rapidez en el consumo.

Durante la crisis descendió el gasto en ropa, pero no el número de prendas adquiridas, prueba del deslizamiento continuo hacia el bajo coste también en esta materia.

Vestirse así es barato, cómodo y hasta más limpio, porque los armarios llenos permiten cambiarse de ropa las veces que se desee. Que las prendas queden como un trapo después de unos pocos lavados no es problema: se desechan y sustituyen por otras nuevas Así nunca queda uno por detrás de los últimos designios de la moda y los niños no tienen que someterse al a veces humillante trance de heredar la ropa del hermano o la hermana mayor, como en generaciones anteriores (si lo hay, algo cada vez menos frecuente, vista la tendencia hacia el desierto en la natalidad).

En algún momento habrá que empezar a frenar, porque pronto resultará imposible reciclar tanta ropa usada. Hay iniciativas a favor de un consumo y un desarrollo sostenible también en este campo. Sería muestra de inteligencia hacerles caso antes de que la basura nos ahogue.

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