Sana envidia de Alemania

Mi admiración por Alemania no llega al papanatismo -también tiene debilidades-, pero me fascina el pragmatismo de los grandes partidos que acordaron gobernar juntos el país los próximos cuatro años.

Merkel y Schulz cedieron parte de sus modelos políticos y parte de su prestigio político -Schulz es la primera víctima- por el interés común de la gobernanza y estabilidad de Alemania y de su relevancia en Europa que antepusieron a sus intereses partidarios y personales. A esto se llama “sentido de Estado”. No es por comparar, pero hace dos años en España los partidos mayoritarios, PP y PSOE, se enrocaron en la defensa numantina de sus posiciones ideológico-políticas, paralizaron la vida política y llevaron al país a nuevas elecciones.

Esa falta de entendimiento entre estas dos formaciones no es nueva, fue una constante en los años de vida democrática. Olvidaron el interés común del país y optaron por pactar con el nacionalismo de Pujol al que hicieron todas las concesiones, “ignoraron” casos flagrantes de corrupción, como Banca Catalana, y desviaron la mirada política para no ver como aquel Gobierno construía su estado nacional y adoctrinaba en el odio a España. De aquellos polvos son estos lodos de la deriva del independentismo catalán que nunca tuvo sentido de estado y ahora, arrodillado ante un político mediocre y prófugo, demuestra que no tiene sentido de la responsabilidad al ver cómo, por su culpa, se deteriora la economía y aumenta la división social en Cataluña. Tampoco tiene sentido del ridículo democrático.

Las concesiones a los nacionalistas se repiten. El penúltimo episodio fue el de los Presupuestos que, otra vez por falta de entendimiento PP-PSOE, se aprobaron con los votos del nacionalismo vasco a cambio de ingentes recursos. Ese mismo nacionalismo aprovecha ahora la fragmentación política y la debilidad del Gobierno para presentar un avance de reforma del Estatuto, un proyecto provocador de esa formación supremacista.

Y de aquellos polvos son también los lodos de la desvertebración y la parálisis del país. PP y PSOE -igual que Ciudadanos y Podemos- andan enredados en políticas de confrontación y cálculos electorales y no parece que vayan a ocuparse del empleo, de las pensiones, educación, organización territorial y de otros problemas que necesitan el acuerdo de todos.

Dicho esto, seguro que se entiende la admiración y sana envidia que suscita el sentido de estado de los políticos alemanes.

 

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