El Mir de los profesores

 

El sábado estuvo en Galicia el Ministro de Educación y dejó un titular: quiere un MIR para los profesores como formación posgrado complementaria, similar a la que reciben los médicos, para capacitarlos para impartir docencia con más calidad.

Está bien que el ministro se acuerde de los futuros profesores que son determinantes en el proceso de aprendizaje de los alumnos y necesitan saber nuevas técnicas pedagógicas para la transmisión de conocimientos, acordes a las exigencias sociales y laborales de un mundo en permanente cambio.

Pero el ministro –y las autonomías– , además de pensar en los docentes del mañana, debería ocuparse de los profesores de hoy, que tienen problemas. La Central Sindical Independiente de Funcionarios (CSIF) acaba de presentar un trabajo realizado entre 2.000 docentes de Primaria y Secundaria de escuelas públicas y sus conclusiones son demoledoras.

El 90 % convive en sus centros con insultos, desprecios, vejaciones, amenazas de alumnos y familias… Más del 75 por cien admite que tiene poca o ninguna autoridad “ni siquiera para expulsar a un alumno del aula” y no se sienten protegidos por las administraciones que no les amparan y “lo tapan todo para evitar que los casos de salgan a la luz”. Las consecuencias son estrés, ansiedad, trastornos psicosomáticos, problemas de sueño, irritabilidad y mucho miedo.

Con este deterioro del clima en la enseñanza, el Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar, organismo dependiente del Ministerio encargado de combatir la violencia en las aulas, ¡lleva seis años sin reunirse!.

Pero si el ministro quiere dejar huella de su paso por Educación, deberá gastar sus energías políticas en impulsar el Pacto por la Educación que duerme en la Subcomisión creada para alcanzarlo. En ese acuerdo tienen cabida el MIR para los profesores; la recuperación de su autoridad, reconocimiento y prestigio; la recuperación de los valores de la educación y respeto en las aulas; y la planificación y diseño de planes y programas de enseñanza que capacite a los alumnos de hoy para competir con dignidad y éxito en el mundo que les espera, el de la revolución tecnológica, que ya está siendo más complejo y exigente.

Solo los datos del estudio del CSIF deberían hacer sonar las alarmas para que el Pacto por la Educación fuera posible. Que es necesario lo sabemos todos menos los políticos, para ellos la educación no es una prioridad aunque saben que determina el futuro del país.

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