Podemos en el laberinto

La mitología nos enseña que para no perdernos disponemos de dos opciones. Una, las migas de pan de Pulgarcito, con las que pretendía volver al hogar tras ser abandonado en el bosque por su progenitor. Dos, el ovillo de hilo que Ariadna entregó a Teseo antes de entrar en el laberinto donde el rey de Creta, padre de ella, tenía encerrado al Minotauro. Como sabemos, quienes fuimos niños antes de la era digital, las migas de pan de Pulgarcito se las comieron los pájaros y el pequeño no pudo volver sobre sus pasos y salvar a sus hermanos. Sin embargo, Teseo, después de matar al monstruo, que el rey Minos alimentaba con atenienses cada nueve años, sí salió del dédalo y huyó con Ariadna, a quien traicionó abandonándola dormida en una playa de la isla de Naxos.

Cuando Podemos irrumpió en el bosque enmarañado de la política, muchos nos preguntamos si Pablo Iglesias Turrión, al querer asaltar el cielo, iba dejando tras de sí migas de pan o llevaba escondido el hilo de Ariadna para volver a la realidad, tras matar a sus demonios encarnados por el PSOE y el PP. No fue difícil descubrir que Iglesias utilizaba el truco de Pulgarcito y que sus migas -Monedero, Iñigo Errejón, Carolina Bescansa, Laura Pérez…, el crédito social, la credibilidad ante los indignados, el respeto de cierta izquierda, las botas de siete leguas…-, además de arrojarlas al camino, se las han ido comiendo los pájaros del silencio.

Aunque Pablo Iglesias siempre ha estado dispuesto a abandonar en cualquier playa los sueños que le entorpezcan, él no es Teseo y cada mañana descubre cómo el Minotauro le supera. Perdido en contradicciones, hoy abrazos con Anguita, mañana con Colau, pasado regateando a Garzón, el domingo con los independentistas, el lunes desaparecido tras la derrota catalana… ha empujado a Podemos cuesta abajo, mientras el PSOE se recupera y la derecha fáctica refuerza sus posiciones utilizando a Ciudadanos. Las últimas encuestas, esas vestales malditas, sitúan a Unidos Podemos en cuarta posición y sobre el montacargas de los residuos demagógicos.

Sin migas de pan ni hilo de Ariadna, las huestes de Unidos Podemos han empezado vagar desconcertadas por los túneles del laberinto y resulta patético escuchar a Echenique pedir ahora la unión de los votos socialistas con los de Rivera y los suyos mismos para “echar a Rajoy”. La furia de cambio morado se ha quedado únicamente en ese mantra, después de descubrir al mundo su oportunista volubilidad ideológica.

Si alguien dudaba de que Podemos-Pulgarcito solo tenía un objetivo, esto es, sustituir al Partido Socialista –con una obsesión rayana en la paranoia-, no para cambiar y corregir el devenir de la historia, sino para utilizar el poder a la vieja usanza; si alguien ignoraba que detrás de todo el teatro de Pablo Iglesias no existía un autor armado de argumentos sólidos, con la falta de coherencia en Cataluña y la lógica derrota electoral, no tardará en calibrar ahora que la epopeya emprendida en 2014 no pasaba de ser un vulgar entremés, entre la indignación y la dura realidad del laberinto.

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