Las alcantarillas de Puigdemont

El nacionalismo catalán miente, sabe que miente y que nosotros sabemos que miente. Yo creo que la mayoría de los españoles sensatos, al margen de nuestra propia ideología, asistimos estupefactos a las maniobras del fugado Puigdemont para burlar la ley y enlodar la propia dignidad del pueblo de Cataluña, para colarse por las alcantarillas por donde huyeron algunos de los sublevados en 1934. No lo digo en sentido metafórico, sino real.
¿De verdad se puede pretender asumir la presidencia de la Generalitat de este modo contra toda lógica, de modo furtivo, pese a la seguridad de la inutilidad de sus actos. El proceso que vivimos estos días se ha calificado de todo: charada, vodevil, burlesque…

Estos hechos coinciden con la aparición de un documentado libre de Jesús Laínz, donde con rigor y documentación irrebatible desmonta todas las marrullerías históricas sobre las que el nacionalismo catalán ha venido construyendo su falsa histórica. Como explica Laínz en la obra titulada “El privilegio catalán. 300 años de negocio de la burguesía catalana, una de las mentiras sobre la que descansa el discurso nacionalista, 1714 significó el final de la soberanía catalana y el comienzo de la opresión española. “Sin embargo, fue precisamente entonces cuando comenzó la prosperidad de Cataluña, que pronto se destacaría como la región más industrial izada de España. La política proteccionista benefició durante dos siglos a una industria catalana que gozó privilegiadamente tanto del mercado nacional como del colonial”.

Pero hay más, subraya Laínz que Cataluña fue la metrópoli imperial española del siglo XIX, así como la principal beneficiaria del tráfico y tenencia de esclavos: “La intransigencia de los industriales catalanes ante las reivindicaciones autonomistas y librecambistas de los cubanos fue la chispa que prendió la guerra independentista. y, tras el 98, pasaron en un instante del más exaltado patriotismo español al separatismo”.
Yaa en el siglo XX, cuando le convino, la burguesía catalana, separatista unas veces y otras no, se constituyó en uno de los principales apoyos a la dictadura de Primo de Rivera. Y por lo demás, Cataluña fue la región más beneficiada por la política económica del régimen franquista.

No sólo Vicens Vives ha analizado con rigor los beneficios que Cataluña obtuvo gracias al Decreto de Nueva Planta de Felipe V, sino que el prestigioso historiador Henry Kamen escribe, con respecto a las mentiras y tergiversaciones que sustentan la memoria nacionalista sobre la histórica fecha de 1714: “Uno no sabe sé si reir o llorar ante tanta insensatez”. No es cierto que Felipe V suprimiera la “soberanía nacional catalana” representada por sus Cortes Generales, porque éstas eran estamentales y no representaban soberanía nacional alguna.

Y siempre la misma cantinela, siempre desde su privilegiado trato, presentando memorias de agravios, como se dolía el propio Azaña siempre para pedir “dinero y más dinero” al resto de los españoles. Pero volvamos a Jaume Vicens Vives: “al echar por la borda el anquilosado régimen de privilegios y fueros, la Nueva Planta de Felipe V fue un desescombro que obligó a los catalanes a mirar hacia el porvenir y les libró de las paralizadoras trabas de un mecanismo legislativo inadecuado….”

Insisto: El nacionalismo catalán miente, sabe que miente y que nosotros sabemos que miente.

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