Más que molestos con C´s

Muy molestos tienen que estar en Génova cuando hasta Mariano Rajoy, tan poco dado a ello, ha sumado en público su voz a la de algunos otros altos dirigentes del partido para mostrar su disconformidad con la negativa del partido de Rivera a ceder un diputado al PP catalán a fin de que éste pueda eludir el grupo mixto y formar grupo propio en el Parlamento autonómico.

Aunque con numerosos antecedentes en otras muchas legislaturas y otras muchas cámaras tanto nacionales como regionales, lo cierto es que tal práctica constituye toda una trapallada; un fraude de ley que ante la opinión pública suele aparecer disfrazada de cortesía parlamentaria por aquello del qué dirán.

No siempre tiene objetivos económicos, si bien es cierto que un partido no recibe las mismas subvenciones si queda relegado al grupo mixto que si cuenta con grupo propio. Pero en ocasiones ha influido también el permitir a formaciones afines obviar el revoltijo del grupo mixto y poder disponer de mayor presencia en la composición de las comisiones, de mayor voz en debates de comisiones y plenos y de mayor audiencia en el sistema mediático. Los partidos nacionalistas lo han practicado de forma especial.

En el caso que ha hecho saltar la indignación del PP confluyen ambas circunstancias: económicas (800.000 euros por medio) y de mayor protagonismo en un Parlamento donde los constitucionalistas tienen poco que hacer, aunque alguno de ellos – Ciudadanos- haya ganado, si bien no lo parece, las elecciones.

Rivera se ha negado en rotundo a la pretensión del Partido Popular. No ha entendido nunca que, al menos en Cataluña, a él mismo le interesa también un PP más fuerte; que un grupo propio de los populares daría más peso a la oposición constitucionalista. Él ha ido y va a lo suyo. Sus apelaciones en campaña no ya al voto útil para su partido, sino al voto inútil al PP levantaron en Génova un notable mar de fondo, aunque no trascendiera demasiado. Mezquinos: es el calificativo más suave que se oye en los altos pasillos.

Todo ello, pues, junto con la mala gestión que están haciendo de su victoria en Cataluña, ha venido a deteriorar más unas relaciones que nunca han sido buenas y que lo serán menos a partir de ahora cuando, impulsado por el viento mediático a favor, Rivera y sus gentes cree navegar a velas desplegadas camino de Moncloa.

Realmente a muchas gentes próximas al PP les indigna que sin haber puesto una sola letra de su parte en el BOE, sin haberse implicado lo más mínimo en la justificación del 155 y sin haber precisado mayormente su programa y su idea sobre el futuro Cataluña, sean a la postre Ciudadanos e Inés Arrimadas –que, por cierto, va cayendo del guindo- quienes pasen por ser ante la opinión pública los redentores de aquella comunidad y de la unidad nacional.

El remate ha sido el repentino interés de Ciudadanos por convertirse en adalid de la equiparación salarial entre las fuerzas de seguridad, en la que no ha tenido ni arte ni parte. Tal vez haya pensado que más vale una fotografía periodística como partícipe en las manifestaciones reivindicativas de turno que cientos de páginas en el Boletín Oficial del Estado poniendo la firma a algo. Y si ya Zapatero corría como loco hacia cualquier pancarta que se le ofreciera, da la impresión que Rivera y sus gentes no se van a perder de ahora en adelante una sola cabecera de manifestación.

Aquí todos hablan –dicen en Génova- y si es a toro pasado, menor que mejor. Pero las decisiones las toma como siempre el Partido Popular”. Y no les falta –me parece- razón.

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