Imaginación 2.0

Nos empieza a quedar bonito este 2018. Resuena enero con sus típicas cosillas. Que si las ratoneras en las autopistas por los temporales, que si las nuevas encuestas sobre la intención de voto, que si nos suben de todo menos el sueldo… Y como novedad, los hologramas presidenciales. En fin, desde bien pequeña el regreso con el nuevo año te hacía enfundarte en abrigo, capucha, bufanda, guantes… Ese kit maternal sí que era efectivo. Se nota que algunos de la DGT saben mucho de amiguismo pero poco de efectividad doméstica diária. Y tal vez, ahí está el gran problema. Criticamos espantados cómo un candidato huído de la justicia española quiere presidir un parlamento a partir de las nuevas tecnologías. Si lo miráramos con cierto equilibrio, la decisión nos sonaría mucho más acorde a los tiempos que vivimos. Nuestros políticos ya nos tienen muy acostumbrados a estos quehaceres 2.0 y sus plasmas brillantes para manifestarse. Y usan las redes sociales como nadie para expresar sentimientos, enfados, felicitaciones y disculpas hasta con ironía. Se estremece nuestra clase política con la posibilidad de que un presidente pueda asistir telemáticamente a una sesión de control, cuando en la actualidad, todos llevan sus preguntas y respuestas bien escritas y nadie se puede salir del guión. Y quien quiera, ya sabe, a la próxima sesión y con la presentación por escrito de la susodicha.

Considero que esta herencia monárquica que llevamos tan forjada en nuestras entrañas de país, nos hace seguir pensando en esa diferenciación entre súbditos y reyes. Y aquí han encontrado su hueco nuestros queridos representantes públicos, que aupados por la necesaria seguridad y esas cosas, se convierten día a día en perfectos hologramas del político de turno. Gestionar desde los despachos no requiere demasiada presencia pública, y si no que se lo digan a alguno que, mientras miles de ciudadanos estaban hasta la rodilla de nieve, decía estar al tanto gracias a “la internet y el teléfono”. Considero que con esta actitud y sus emolumentos, a quién le puede extrañar que todos los que tocan butaca no quieran levantarse de ella, a no ser que se le direccione hacia alguna puerta giratoria para seguir en un cómodo sofá.

El problema catalán nos dará con el tiempo muchas claves a nuestra historia. Nos evidenciará muchos errores de nuestro sistema político y hasta nos descubrirá, como casi siempre, que ante las aguas turbias siempre aparece el mediocre para salvar lo que haga falta. Decía Maquiavelo “no se debe confundir el ser con el debe ser, la política es algo…”. Y en ese algo siempre deberían estar los ciudadanos con su día a día, con su paso por los servicios sanitarios, con sus oportunidades laborales, con su seguridad e integridad, con su formación y educación… El algo es lo importante.

Así las cosas, seguiremos avanzando los días, unos a pasos pequeños y otros en avanzadillas de poder. Y seguiremos esperando el buen tiempo y la primavera, deseando buenas esperanzas aunque sea al lado de casa. Tal vez nos sirva un verso de nuestro poeta Ángel González “Yo se que existo porque tú me imaginas”… Será por eso que la imaginación no tiene edad, no necesita tiempo, pero nos regala espacios. Ya lo decía Einstein, “en los momentos de crisis solo la imaginación es más importante que el conocimiento”.

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