Montando el belén

 

Me aplico una cierta autocensura para reflexionar a día de hoy sobre lo más expectante del ámbito político de nuestro país. Llámenme romántica o simplemente peinada de ya bastantes canas, donde el blanco y negro persigue mis recuerdos de infancia de aquellas semanas festivas con un reiterado ritual: imperecedero belén, arbolito navideño, guirnalditas multicolores, lágrimas de ángel…. En fin, que no faltará ninguno de los adornos guardados año tras año para darle color a este tiempo de buenas intenciones y hasta alguna buena ilusión que nos servirá para empezar el año. No soy de las que odian estas fechas, ni mucho menos. Hasta los recuerdos de aquellos que ya no están me alivian este tránsito diario. Estuvo bien, hasta podría decir que muy bien, y me alegro de tanto tiempo compartido. De alguna manera, a todos nos sirven estas fechas para hacer paréntesis de muchas cosas y dejar libre nuestra cabeza de lo tenso y obsoleto de cada día que se nos va.

Pero es difícil aparcar todo lo que llevamos acumulando durante este año al que todavía le falta unos días para concluir. Muy dados nosotros a lo tradicional, podríamos decir que tenemos un buen montaje del belén. No nos falta detalle. Pero, ciertamente, se nos ha olvidado recorrer aquellos caminos que nos lleven a un buen portal. Se nos ha llenado la boca hasta la saciedad de decir que la sociedad catalana está quebrada y, por tanto, todo quedaría solucionado con unas nuevas elecciones. Creo que a algunos les falló la estrategia. Mucho más cuando nuestro lecho social suele basar la conformación de las mayorías en una suerte de voto uniformemente pasional. Radicalizar desde los sentimientos poco nos puede aliviar en estos trances. Lo peor de todo es que nadie ha movido ni un milímetro sus posiciones. Tanto es así que hasta el propio partido que llenaba de confetti su particular fiesta de vencedores, se despacha a la primera de cambio para no llegar a ninguna negociación concreta. No sé yo si ya estarán pensando en unas nuevas elecciones o que se produzca un milagro para que vengan naves nodrizas a llevarse a todos los independentistas de golpe. Tampoco alivia mucho ver al otro lado, con recetas culinarias incluidas, engordar el éxito con palabras que resuenan al punto de partida. Nuevamente disposición a negociar, pero ningún camino o canilla por donde acudir.

Por otra parte, también rechinan los dientes con las nuevas sacudidas legislativas que ha pegado el Tribunal Constitucional, desde la amnistía fiscal hasta la indemnización del Castor, pasando por la reforma para cambiar el sistema de elección del presidente de RTVE. Sacudidas que parecen no tener la relevancia mediática que debieran. Verdaderas bombas a una legislatura que sabe poco de decisiones consensuadas y mucho de golpe de mando con decretos leyes que verifican su falta de exigencia legal hacia nuestro estado constitucional. Ya ven, no sólo los independentistas sobrepasan los límites de la constitución. Hay que reconocer que a todos les vendrá bien este parón navideño. Eso sí, dudo que les venga igual de bien a muchos conciudadanos que siguen en el paro, a quienes no les llega para finalizar el mes o a quienes tengan que pasar estas fiestas en algún pasillo de hospital.

Con todo esto combustionando en mis neuronas, me alegra que mi propio espíritu se abstraiga con algún que otro villancico que ponga una breve banda sonora a nuestros propios recuerdos. Un día como hoy, sólo puedo hacer referencia a una frase de aquel Jesús de Nazaret en la que daba la buenaventura a aquellos que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Es posible que estemos desviando muchos caminos para llegar a buenos encuentros y, si quiera, poder tocar como un bálsamo la justicia como tal. Parece que hemos olvidado nuestra capacidad de dialogar y escuchar, de decidir sin herir, de olvidar para no entorpecer… En fin, me quedo montando mi propio belén sin que falte ninguno de sus huéspedes, y sobre todo, deseando a todo aquel que lo reciba una feliz y esperanzadora navidad.

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