Atascados

La alcaldesa Carmena está obligando a los viandantes madrileños a caminar juntos en una sola dirección. Como si fueran automóviles peatonales. En realidad somos automóviles, pero con raciocinio y autonomía para girar en cualquier momento, atascarnos y desatascarnos, detenernos en un escaparate y volver al anterior, hacer una pausa de pasos y cruzar de un lado a otro, correr en zigzag… ¡Hermosa movilidad! Quizás nuestros nietos la recuerden con nostalgia de aquellos tiempos donde las castas y el bipartidismo se repartían la existencia en blanco y negro. ¡Qué ironía!

Carmena, como todas las alcaldesas y alcaldes, está haciendo cosas muy bien y ridiculeces insostenibles. Da igual el color o la ideología que lleven en la solapa. Esa decisión de mover las masas como rebaños no es un síntoma ni del cambio ni del progreso prometido por los emergentes, es una simple estupidez aunque pueda llegar a significar tanto como la popularización de una nueva bandera o la imposición de un himno patriótico.

Ahora que agoniza 2017, esa genialidad de la gente de Manuela Carmena es un ejemplo más del desequilibrio existente entre poder y realidad, entre emociones e ideologías, entre gestión y utopía. Desde el peldaño más bajo, debemos sumar su pastoreo urbano a otros muchos signos preocupantes del atasco social.
En el siguiente escalón tenemos el balance de la vida parlamentaria, donde el teatro de los emergentes de noticia ha pasado a chascarrillo, donde la Cámara baja este año solo ha aprobado nueve leyes -nos salen más caras que los goles de Ronaldo- y tres de ellas son producto de las directivas europeas. Donde el Gobierno en minoría no tiene capacidad para legislar y la oposición carece de mecanismos para imponer sus programas. El gran atasco mantiene la reforma laboral efectiva, los salarios bajos, la ley mordaza viva, la educación sin consenso, la sanidad avanzando hacia la privatización, la falsedad presupuestaria por encima de los servicios sociales, la clase media empobreciéndose más…

En el siguiente escalón asistimos a las disputas electorales. Ya los partidos no se presentan con programas para ganar y cambiar la sociedad. El objetivo es encontrar argumentos para pactar el día después del fracaso. Un fiasco donde las derechas lucen músculo y vemos como C’s ocupa campante el vacío de CiU, para que nada cambie; como la ucronía de Podemos se acerca al último capítulo presa de la decepción de una izquierda soñada; como los tradicionales PP y PSOE se conforman con manoseadas esperanzas añejas; como los nacionalismos han llegado a creer verdadero su guión de la farsa…

Y si subimos a altos peldaños veremos como la U.E. es un simple mercado; como en Alemania llegar a acuerdos de gobierno también hace aguas; como Trump acaba de poner en Jerusalén la primera piedra de la Tercera Guerra Mundial anunciada por Nostradamus, ahora que el conflicto de Siria parece tocar fondo y ya nadie evalúa a los refugiados… Veremos cómo el mundo es un gran atasco, crucemos o no por la calle Preciados de Madrid.

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