Negocios y verdades

Decía Ryszard Kapuściński, periodista y premio Príncipe de Asturias 2003, que “si entre las muchas verdades, eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad y tú en un fanático”. Porque verdades hay tantas como ojos en el firmamento o pies en la tierra. Y a pesar de saber a través de la historia el descrédito que provoca el fanatismo, seguimos loando ese tufillo iracundo de la sinrazón del seguidor forofo. Maximizamos nuestros afectos a partir de banderas o de siglas que significan poco frente a la realidad diaria de cualquiera de nosotros. Creo que por eso siguen existiendo estos macropuentes que nos marcamos en este país para dar rienda suelta a estereotipos de normalidad en tiempos tumultuosos. A todos nos viene bien un paréntesis para protagonizar sueños de serenidad. Mientras tanto, quedan aparcados problemas que se repiten con cada llegada del otoño más gélido, con vecinos que tiritan de frío y los primeros accidentes con incendios en viviendas por falta de luz. Y mira que nos lo ponen fácil. Solamente al ir a llenar el coche de carburante, nos reciben con su típica subida el mismo día que comienza la ya tradicional operación salida. Pero bienvenido sea el puente que nos aleja de los pronósticos de las pensiones o del futuro laboral de los jóvenes y menos jóvenes. En fin, que no nos amarguen el turrón antes de comenzar con las fiestas navideñas.

Vivimos a golpe de portada informativa, cada vez más en digital que en papel, la verdad. Nos quedamos ensimismados con cuatro titulares que no representan nuestra vida cotidiana ni, posiblemente , nuestras dificultades diarias. Pero sí son suficientes para fijar verdades etéreas que seguiremos persiguiendo ciegamente en cualquier barra de bar o en las tertulias familiares. Ahora que se habla tanto de división entre las familias como una novedad tan explosiva, que levante la mano quien no ha tenido un verdadero bombazo consanguineo a causa de la política… En fin, lo interesante sería que si saliéramos de aquellos pasados, podríamos rediseñar mejor nuestro presente sin necesidad de que nos aleccionen mucho más.

Y volveremos del puente. Con más campaña electoral, con menos dinero en el bolsillo, con algo más de agua en los pantanos y con unos raperos en la cárcel. Tiempos difíciles para el humor y la sátira que coinciden con este ciclo de la posverdad. Era de esperar que, al final, este nuevo vocablo nos invadiera para seguir retocando la desinformación de toda la vida. Un reciente estudio de la Universidad de Oxford arroja unos datos muy preocupantes que acercan al 40% el número de personas que desconfían de los medios de comunicación habituales para informarse. Mucho más cuando relacionan a los medios con los grandes imperios empresariales. También lo dijo Kapuściński ” Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”. Lo peor es que igual el fanatismo empieza a ser también un negocio. Que ustedes regresen bien.

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