Noticias falsas

Baldomero Martínez siempre soñó con ser escritor o periodista, sin embargo la vida fue cruel con él y hubo de conformarse con el oficio de pintor de brocha gorda. Hoy, a sus cincuenta y ocho años, es un parado más de larga duración. Aunque de cuando en vez se emplea en negro con alguna chapuza, la mayor parte del tiempo la pasa delante del ordenador navegando por las redes, escribiendo comentarios ingeniosos o crueles, inventando bulos sobre conocidos y desconocidos, fomentando polémicas infundadas en los grupos a los que está asociado. Ha creado su propio mundo de comunicación y se siente feliz e inmortal, tan imperecedero como Cervantes o Dante en sus cielos, alojado en esa nube ficticia a la que los Estados han empezado a temer tanto como al terrorismo, sobrecogidos con la existencia de una guerra híbrida capaz de conducirnos al fin del mundo.

Baldomero, emulando a Fernando Pessoa, se ha multiplicado con cientos de heterónimos y seudónimos, ha aprendido las técnicas del titular atractivo, a manipular fotos y vídeos, a colocar los mensajes con precisión y repetirlos hasta la saciedad, hasta volverlos a recibir en sus carpetas como ajenos. Se considera un crack sentado en el tabuco sin ventanas desde donde ve el mundo. Es, lo que se dice, un creador de noticias falsas. Es, ¡santo cielo!, un soldado anónimo de nuestro tiempo.

Contra los ejércitos de Baldomeros los Estados, con el español en primera línea, han decidido legislar. Y no estará de más verter luz e identificar las trincheras donde se ocultan para delinquir en nombre de la libertad de expresión. No estará nada mal que la ciudadanía confiada o deficientemente instruida pueda separar el grano de la paja. Incluso que, usted y yo, podamos defendernos de los desaprensivos, malintencionados, cobardes, etc. Porque es posible que la existencia del cibercrimen acabe siendo una práctica inmune. O que los esotéricos tengan razón cuando aseguran que las www representan al 666, el número que identifica a la bestia, al demonio.

No obstante, antes de dictar leyes, nuestros gobernantes debieran limpiar sus casas, porque cuántas noticias falsas generan ellos cada día para las redes. Miremos hacia los acontecimientos de Cataluña y sus vaivenes dialécticos, analicemos las decisiones y justificaciones de ministros/as como Soria, Montoro, Báñez, Cifuentes, Catalá, Zoido… Incluso los gabinetes de Rajoy han instituido un término que pronto entrará en el diccionario de la RAE. Han fomentado el concepto y uso de la posverdad, cuyas manifestaciones no se basan en hechos objetivos, las dejan al pairo de las emociones. El mismo criterio para sustentar cualquier twitter con contenidos falsos. El mismo impulso que mueve a Trump, a Rufian, a Puigdemont, al cocinero o a la actriz cargados de fama, al amigo Baldomero…

El mundo de la verdad nunca ha existido realmente y la mentira ha triunfado históricamente más de lo que creemos. La diferencia es que ahora es volátil, incontrolable e incontrastable. ¿Acaso este mismo artículo no tiene un punto evidente de fake news?.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar