¿Qué le pasa al PSOE?

El PSOE pasó de ser en España el partido de gobierno por excelencia a ser algo muy distinto. Son muchos los factores que han desembocado en esta situación, pero unos son más determinantes que otros. Es verdad que en gran parte de Europa hay una crisis de la socialdemocracia de fondo, pero las debilidades del PSOE trascienden ese análisis, sin perderlo tampoco de vista. Su crisis ni siquiera se explica solo por la irrupción de Podemos y las ayudas mediáticas que tuvo este partido por parte de empresas de comunicación ligadas a la derecha, en su estrategia de apoyo al PP y de dividir a la izquierda, hasta dejarla sin capacidad de ser alternativa. Hay debilidades del PSOE que son solo del PSOE. Y lo mismo le pasa ahora al PSC, que cayó tanto que no le queda más opción que subir, pero lejos de ser -como ya fue- la primera fuerza política de Cataluña en elecciones generales y municipales.

El largo período de gobierno socialista, siempre con Felipe González al frente, se saldó con tres éxitos -la supremacía del poder civil frente a unos militares que venían de dar un golpe de Estado en 1981, el ingreso en Europa en 1986 y una política económica socialdemócrata basada en un moderno sistema fiscal- y dos fracasos: la corrupción y los denominados Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). Fueron las luces y sombras del cambio que fue afianzando la democracia y las comunidades autónomas, sin resolver el encaje de Cataluña en España. El final del felipismo, en 1996, fue amargo y quizá por eso el siguiente presidente socialista, José Luis Rodríguez Zapatero -sucesor en 2004 del conservador José María Aznar (PP)- no quiso asociarse con la época de mayor esplendor del socialismo en España. Visto con perspectiva, el primer gran error estratégico del PSOE.

La receta básica del éxito socialista tuvo por bandera las políticas sociales y la modernización económica pero también una estructura de poder interno distinta de la actual. El liderazgo de Felipe González fue, en ese sentido, decisivo en los ochenta y comienzos de los noventa, hasta el punto de que a medida que pasa el tiempo puede valorarse mejor la dimensión de su obra política, por mucho que al final se viese empañada por una más que lamentable corrupción y prácticas ilegales en la lucha antiterrorista. Su modelo se basaba en que en Ferraz, al frente del PSOE, estaba alguien respetado -muy respetado- en el PSOE andaluz, que éste veía como capaz de integrar a su vez al PSC, de modo que un PSOE fuerte en Andalucía y Cataluña era partido ganador en España. Empatando o incluso perdiendo en parte del resto de España, el PSOE tenía asegurado el triunfo si ganaba con claridad en las dos comunidades más pobladas del país, justo donde el PP es más flojo e incluso marginal, como sucede en Cataluña.

Otro problema del PSOE parte de lo que prometía ser una solución: las primarias mal planteadas. Una cosa es que haya primarias abiertas, como en EE.UU., o incluso cerradas en un ámbito como el español, y otra que ese modelo pueda extrapolarse a círculos de centenares de votantes, que es lo que sucede en la mayoría de las primarias socialistas. El resultado está a la vista: con el sistema anterior el PSOE tenía muchos referentes y gente muy preparada, mientras que con el actual no hay ni referentes ni grandes profesionales. Figuras como Felipe, Guerra, Solana, Maravall, Ordóñez, Barón, Boyer, Solchaga, Maragall, Serra, Borrell, Marín, Almunia, Solbes y tantos otros hacen ridícula la comparación con los dirigentes actuales. Pedro Sánchez -un líder hecho a sí mismo, gracias a la militancia- puede optar por seguir por dónde va o por reconstruir el PSOE actualizando las pautas de éxito del pasado. De lo que haga en Cataluña y Andalucía dependerá que sea -o no- presidente del Gobierno de España. También, por supuesto, de cómo dé respuesta a los problemas de desigualdad, precariedad y pobreza que hay en España.

Jose Luís Gómez es periodista y editor de Mundiario.com

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar