El agua cuesta poco

Da pena leer estos días los no pocos tesoros artísticos que las aguas de nuestros pantanos ocultan en tiempos de normalidad hídrica y que como consecuencia de la sequedad que en la actualidad ofrecen han emergido a su anómala superficie. Y es que las reservas se han desplomado un 22 por ciento en diez meses.

El hecho es que en esto de la sequía nos acordamos, como se dice, de santa Bárbara cuando truena. Se trata de un problema recurrente que se olvida cuando regresan las lluvias. Y con sus remedios pasa un poco lo mismo: volvemos a hablar de las deficiencias del sistema, de las fugas en la distribución, del consumo excesivo. Pero ahí queda todo. Hasta la próxima.

Tal vez esa falta de concienciación permanente sea fruto de la sensación que el usuario tiene de que el agua es barata. Y así es. Así al menos se desprende del estudio elaborado por tres profesores de la Universidad de Zaragoza para el último número de los Papeles de Economía Española, de la Fundación de las Cajas de Ahorro, a propósito de la remunicipalización de servicios.

El trabajo muestra que el precio del agua en España está entre los más baratos de los países europeos. Concretamente, el precio unitario de un metro cúbico del líquido elemento tras un ciclo integral (abastecimiento, saneamiento y depuración) es en nuestro país un 35,30 por ciento más barato que en el promedio europeo. Y eso que España no es un país caracterizado como húmedo en comparación con otros del continente y cuyo punto de partida para la captación con destino al consumo doméstico no es, por consiguiente, favorable.

Más importante y representativa aún es la comparación del esfuerzo que los hogares de cada país han de hacer para pagar la factura del agua en relación con su renta. Y en este sentido los autores del informe concluyen que el esfuerzo de las familias españolas es el segundo menor de Europa, tras el anómalamente bajo de Italia. Tomando 100 como índice medio del conjunto de los países de nuestro entorno, el índice para España es de 70,96; muy lejos, por ejemplo, del 191,71 de Dinamarca.

Adicionalmente, la idea relativa de que el agua no nos es cara se ve reforzada con la inclusión en el estudio comparativo de otros servicios de red que desempeñan un papel importante en la calidad de vida de los hogares, cuales son el gas y la electricidad para uso doméstico.

Pues bien: los hogares españoles son los terceros, tras Dinamarca y Portugal, que han de hacer un mayor esfuerzo en términos de renta para pagar su consumo de electricidad (un 28,52 por ciento por encima de la media), mientras somos también terceros, tras Suecia y Portugal, en relación con la factura del gas (un 20,63 por ciento por encima de la media).

La pregunta resulta inevitable: ¿cabría, entre otras medidas, una subida de precios para desincentivar el consumo?. Recorrido hay

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar