Propósito de enmienda


La confesión de los pecados, el arrepentimiento y el propósito de enmienda es un gran invento del cristianismo. A la Iglesia le ha producido más réditos y perdurabilidad que la fe o cualquiera otra cuestión teológica. Además, después de más de mil quinientos años de práctica, esa trinidad está incardinada en todos los ámbitos de nuestra sociedad, hasta en la aplicación de la justicia, que debiera de ser escrupulosamente laica pero se muestra condescendiente y teocrática. Y es capaz de utilizar el perdón de los pecados con la misma indolencia de cualquier confesor sentado en la secreta oscuridad de su confesionario.

Miren, si no, el proceder del Tribunal Supremo de Justicia encarnado por el juez Pablo Llarena, a la hora de analizar los posibles delitos de la presidenta en funciones del Parlamento catalán, Carme Forcadell, y de sus compañeros de la mesa presidencial. En contra de las peticiones del fiscal, Llarena ha recogido las confesiones de los procesados con benevolencia por razones tan sólidas como que acatan el artículo 155 de la Constitución, denostado una semana antes, y asumen que la declaración unilateral de independencia (DUI) sólo tuvo valor simbólico y carecía de efectos jurídicos. Así han evidenciado la confesión de los hechos punibles y mostrado arrepentimiento.

También se comprometieron a no volver por la senda republicana, a acatar la Constitución del 78, a retirarse de la política o, en caso de continuar, a no romper las reglas del juego democrático. Esto se llama propósito de enmienda. Naturalmente la penitencia, ante tamaña humildad, había de ser condescendiente y en lugar de unos Padres nuestros y alguna Ave María puramente carcelarias, procedió a imponerles fianzas para dejar en el cepillo de la judicatura.

Unas fianzas que sumadas dan 250.000 € y que, teóricamente, salen de la caja de resistencia creada al efecto por la Asamblea Nacional Catalana. Un fondo a todas luces opaco pero operativo para los intereses nacionalistas. Un dinero indoloro para el bolsillo de los protagonistas de la astracanada independentista, que ha mantenido al país en el péndulo de las divisiones y rupturas para alcanzar la nada, como muchos intuimos.

Y llegados aquí, leyendo las advertencias del juez frente a posibles recaídas en los mismos pecados, me gustaría saber qué siente y piensa la feligresía independentista, o simplemente republicana, frente a semejante felonía de sus oficiantes. ¿Qué propósitos expondrán cuando suban a los púlpitos de los mítines? ¿Volverán a confesar sus pecados de debilidad frente al juez y la Constitución? ¿Mostrarán arrepentimiento esgrimiendo la presión de la dictadura española? ¿Volverán a hacer propósito de enmienda para alcanzar las glorias y beneficios del secesionismo anunciado?

Todo es posible, vista la inconsistencia ideológica, moral, dialéctica y solidaria de estos líderes de pacotilla, que decían hablar y actuar en nombre de Cataluña. De momento, la teología los ha salvado del calabozo, pero de la hoguera de la Historia no se librarán nunca.


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