No solo mirar al cielo

Como agua de mayo, pero en noviembre. Así esperamos la visita de tres o cuatro días que, según las predicciones, nos hará la lluvia a partir de hoy. Lloverá, por fin, pero muy por debajo de lo que sería necesario para que se note en los escuálidos embalses. Seguiremos mirando al cielo. Quizá por fin lleguen esas jornadas de cielos encapotados y aguaceros incesantes que hacen del verde el color de Galicia.

Cada vez será más necesario hacer algo más que elevar la mirada. El acelerado cambio climático amenaza con hacer del agua un bien escaso. No bastará con vigilar los embalses, sobre todo teniendo en cuenta que los que saben de esto advierten que lo que aporta valor no es el volumen de las reservas sino la capacidad para gestionarlas. Y apenas se ven movimientos para evitar que el agua se nos escurra entre los dedos. Los planes de la Xunta para implicar y coordinar alcaldes y para renovar las redes de saneamiento por las que se pierde un porcentaje siempre demasiado alto del preciado líquido son imprescindibles, pero hace falta mucho más.

 La reutilización de aguas residuales, convenientemente depuradas, es un campo en el que apenas se ha empezado a avanzar. Optimizar los procesos productivos que utilizan grandes volúmenes para reducir la demanda y hacer campañas de información para reducir el consumo en los hogares, incluso facilitando el acceso a sencillos dispositivos, son solo algunos de los campos de acción. La responsabilidad no es solo de la Administración, pero le corresponde la iniciativa para que organismos, empresas y ciudadanos se apliquen a una tarea imprescindible.

Produce sonrojo constatar que la gestión del agua como un bien escaso no figura en primer plano en los discursos políticos y en los presupuestos públicos. No basta mirar al cielo.

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