La lluvia como remedio contra el fuego

Por fin se anuncian lluvias. Con un poco de suerte el agua acabará con el altísimo riesgo de incendios forestales de los últimos meses. Las precipitaciones que se anuncian, que pueden rematar el destrozo ocasionado por el fuego en los montes quemados, actuará de bálsamo y ayudará a que desaparezca la sensación de peligro inminente.

Puede que entonces todo vuelva a ser como antes. Que grandes extensiones de monte sigan abandonadas. Que muchos propietarios sigan viendo esas parcelas heredadas, que casi nunca pisan, como un lastre y como un gasto superfluo el destinado a esa mínima limpieza que solo acometen cuando algún vecino la exige, porque su casa o su corral quedan justo al lado. Que miles de pequeños trozos de monte sigan acumulando maleza porque ni se sabe ya quién es su dueño.

Puede que sigan durmiendo en un cajón las conclusiones de los estudios realizados tras la plaga incendiaria del 2006, como recordaba ayer La Voz de Galicia. Y las del encuentro organizado por la Fundación Barrié en el 2013 y ampliamente recogidas en la revista Grial. Y otros informes sobre el problema realizados por expertos solventes con diversos paquetes de medidas para empezar a revertir el proceso de abandono.

Puede que al fin lleguen las lluvias y alejen el riesgo inmediato de incendios y con él desaparezca, una vez más, de la agenda política el lamentable estado de una parte del patrimonio natural de Galicia, limitado a las medidas positivas, pero parciales, incluidas en los Presupuestos de la Xunta para el 2018.

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