Temor y hartazgo


Incertidumbre máxima, temor y un cierto hartazgo predominan en las conversaciones de calle y de café de muchos ciudadanos de a pie en los días que estamos viviendo. La inquietud se incrementa por las tensiones que se detectan en el bloque secesionista catalán tras la cascada de decisiones empresariales ante la posibilidad de que hoy se efectúe una declaración de independencia más o menos descafeinada, que tendría una respuesta inmediata del Estado, cuyas dimensiones concretas tampoco se conocen.Esa inquietud se mezcla con el hartazgo ante el desorbitado volumen de información que el proceso genera y el bombardeo constante de los medios de comunicación, obligados a tratar de canalizar cada día la riada de noticias y de opiniones que se entrecruzan, destacadas o minimizadas según el lado en que se coloque el emisor de turno.

La incesante fuga de empresas o la decisión del Tribunal Superior de Cataluña de que la Policía Nacional se responsabilice de la seguridad de su sede son un reflejo más del grado de incertidumbre con que llegamos al decisivo día de hoy.La demanda de soluciones está tan presente como la convicción de la dificultad de hallarlas. Y de que cualquier decisión hacia la independencia complicaría aun más la salida del tremendo laberinto en que nos encontramos. La cerrazón del secesionismo más radical, pese a todas las evidencias, y algunas declaraciones inflamadas desde el otro lado tampoco ayudan.

Así será más difícil empezar a suturar la creciente brecha que divide a la sociedad catalana y mucho más una solución de futuro que requeriría un diálogo hoy lejano.


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