Cuando los traidores se convierten en héroes


No sé si vive un señor de Valladolid llamado Lino Trapero. Emigró a Cataluña y trabajó como carretillero en la Mercedes. Y como todo padre estará orgulloso de que su hijo José Luis haya llegado lejos, nada menos que mayor de los mossos d´esquadra. Me gustaría preguntarle si también se siente orgulloso del  modo en que vulneró su juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución y el Estatuto y fue la pieza esencial de la inteligente estrategia del engaño para conseguir que, tras la ilegal convocatoria del 1 de octubre, las portadas de todo el mundo abrieran con las fotos de las cargas de la Policía y la Guardia Civil contra el pacífico pueblo de Cataluña que ejercía el democrático derecho a votar como si durante 40 años no lo hubiera hecho nunca en libertad.

La verdad es que la mencionada estrategia ha sido sencillamente de enorme inteligencia. Y se logró lo que se pretendía, haciendo olvidar que el Estado trataba de impedir que se consumara un acto ilegal dentro de un camino perfectamente trazado. Por eso, resulta especialmente repugnante que los mismos que pretendían otorgar respaldo jurídico a la asonada de Cataluña, rebuscando respaldos insólitos, como si el conjunto de la vecindad civil de aquella región fuera un pueblo sometido por una potencia colonial, alaben ahora la “profesionalidad” del hijo del señor Lino, de Valladolid que ha actuado como un cínico traidor, haciendo que los agentes bajo su mando dejaran de cumplir el compromiso de impedir la apertura de los colegios, para que fueran las fuerzas de seguridad del Estado las que asumieran el papel previsto por Puigdemont para tener los argumentos necesarios para alimentar y explotar el victimismo habitual.

Lo más increíble de ese episodio es la ingenuidad del Gobierno, que ante la traición de Trapero y sus mossos, carecía de plan B y entró directamente en la trampa preparada. Pero, ¿dónde estaba la CNI? ¿Cómo es posible que, pese a las advertencias de los mossos leales de lo que se tramaba  no se adoptara previsión alguna ni los servicios de inteligencia del Estado, ante un caso como éste ni se enteraran del montaje previsto?

Una cosa en la que coinciden todos, desde diversos puntos de vista, es que el Rajoy es el gran responsable de la difícil situación en que los Puigdemont y los suyos han colocado al país. Pero, mientras unos asumen que el presidente del Gobierno debía haber rendido el Estado ante las pretensiones de los separatistas; otros creemos que dejó que los rebeldes avanzaran cada día un poco más, sin adoptar los recursos de que el Estado disponía, antes de mandar a la Guardia Civil. Claro que habría habido choque de trenes, pero sin que el del separatismo tuviera velocidad y sin la foto de la policía impidiendo la votación del uno de octubre y cargando contra la masa.

Soy de los que pienso que por diversas causas, Rajoy saldrá por la puerta de atrás de la historia de España, pero no irá solo. La ambigua postura entre dos aguas de Pedro Sánchez y la parte del PSOE que dirige ha sido un pesado lastre en contra del interés del conjunto de la nación, aparte de sus peregrinas soluciones que, por cierto, seguimos sin conocer en substancia.
Y en el fondo, toda esta historia es, en su origen reciente, una cuestión de dinero. Si Rajoy hubiera aceptado la pretensión de Mas de meter la mano en los bolsillos de todos los españoles, para dar más a los avecindados en  Cataluña y reducir a lo meramente simbólico la presencia del Estado en aquel territorio, no hubiera cumplido su advertencia de lo que se proponía.

Resulta insólito que un conjunto de anarquistas, en alianza con la derecha burguesa nacionalista, y otros refuerzos diversos, me refiero a la CUP y lo que queda de Convergencia, hayan conducido a la sensata Cataluña a este abismo de difícil retorno. Si uno observa bien las gentes que salieron a las calles el uno de octubre puede deducirse que eran mayoritariamente clases medias. Con  las propias cuentas de los organizadores del falso referéndum (pasando por alto que llegaron a procesar más del cien por cien de los datos, las personas que votaron cuatro veces y todo el anecdotario diverso de la gran charlotada) resulta evidente que tres de los cinco millones de catalanes con derecho a voto se quedaron en casa. Y lo es que lo de Cataluña es un burdo golpe de Estado, meticulosamente preparado, pasando por encima de la Constitución y el propio Estatuto, con la cínica apariencia de una falsa legalidad que se fue improvisando sobre la marcha.

Había que lograr una fotografía. Lo han logrado. Y como era de esperar, ya los rapsodas cantan la valentía de un pueblo que se libera como si fuera una tragedia griega frente al tirano. Pero en este drama los traidores son los héroes, como el hijo del señor Lino, de Valladolid.


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