Un congreso sin cancela

Desde 1976 he asistido a casi todos los congresos del PSdeG-PSOE. Y les confieso que generalmente resultaban apasionantes por mor de las alianzas y confrontaciones internas para elegir la nueva dirección que, en solo dos días, debía salir del cónclave.

Siempre sorprendía la rapidez con que las diversas mesas de trabajo valoraban y discutían las ponencias y sus enmiendas para confeccionar el documento marco, guía de la nueva ejecutiva. La cuestión peliaguda se generaba en la elección del secretario general y en el reparto de poderes, habitualmente mediatizada por la división territorial, el número de compromisarios y los diversos peajes por los que deberían pasar los candidatos al liderazgo. Ello producía interminables negociaciones y noches con carreras de vértigo hasta el amanecer.

El PSdeG acaba de celebrar su convención número trece. Llega después de las primarias en las que Gonzalo Caballero, candidato no bendecido por la gestora –que hasta ayer dirigía el partido–, alcanzó un triunfo indiscutible. Por primera vez he asistido a un congreso en el que la voluntad de la militancia ha estado por encima de las maniobras del aparato. Se ha caído la cancela que cortaba el paso a la renovación. Las viejas baronías han tenido escasas posibilidades de ejercitar sus poderes fácticos. El documento marco ha seguido la tradición. Sin embargo el sistema habitual de cuotas y personalismos no ha desaparecido. También en esta ocasión las negociaciones se prolongaron hasta las mil y gallo rompiendo el clima general de la tarde del sábado, tan tranquilo que rozaba el aburrimiento en los pasillos y en los mentideros.

La concurrencia de Fernando González Laxe y Emilio Pérez Touriño, los dos socialistas que gobernaron en Galicia, fue un importante gesto de conexión con la historia. La voluntad de Gonzalo Caballero de ser el Secretario General de todas las corrientes internas, vencedoras y vencidas, transmitió la idea de un tiempo nuevo que él debe construir a partir de hoy lunes con los mimbres que ha elegido.

¿Descontentos y damnificados? Naturalmente que los hay, como en toda organización política o social. Sin embargo el clima de expectación, ante una etapa anunciada como diferente, ha marcado la temperatura de la asamblea. Gonzalo Caballero, un militante que, desde su llegada al partido, se ha batido siempre contra las adversidades, empieza su mandato con muchas cartas de esperanza y algunas de desencanto. Ha conseguido transmitir con eficacia sus excelentes valores ideológicos y personales. Ahora deberá demostrar si posee la capacidad operativa que todo buen líder debe tener.

En el terreno de las críticas Caballero tuvo suerte. Las miradas agrias fueron en esta ocasión para la gestora que durante año y medio ha mantenido anclado al PSdeG en el limbo de la oscuridad. Que ha sido la culpable de llevarlo a la tercera posición en el Parlamento gallego y es heredera incontestable de desastres municipales, como los acontecidos en Santiago de Compostela, Ferrol o A Coruña, de conflictos internos y de cientos de deserciones de militantes. Un equipo que no ha tenido ni la decencia de presentar un balance de gestión de los cinco últimos años, en los que ha sido responsable del PSdeG tras la cancela cerrada.

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