Recuperar el monte

No sé cómo se las arregla el PSOE. Pero habiendo sido el partido que durante más tiempo ha gobernado en este país, nunca tiene responsabilidad total o parcial de nada. Parece un recién llegado o surgido como por generación espontánea. Está sucediendo con el conflicto de Cataluña, en cuyas génesis ha estado siempre, y está ocurriendo con la desgracia de los incendios forestales que han asolado parte importante de nuestra tierra: al menos 35.000 hectáreas.

Se lo hacía ver la ministra Tejerina a la diputada socialista Pilar Cancela en la sesión del miércoles, de control al Gobierno, en el Congreso: “Ustedes siempre piden lo que ya está hecho y aquello que además no hicieron cuando tuvieron la ocasión de hacer”. Como, por ejemplo, aquí, con el bipartito de 2005-2009. Cuatro muertos –es de recordar- en el terrible agosto de 2006, 108 fuegos en un solo día en toda la comunidad y entre 80.000 y 100.00 hectáreas quemadas.

En Galicia no estamos luchando contra el fuego. Estamos luchando contra una banda de desalmados”, dijo en aquella también crítica situación el entonces ministro del Interior, Pérez Rubalcaba. “No es un problema de medios; es un problema de criminalidad”, ha replicado la ministra Tejerina a quienes a las primeras de cambio han pretendido ahora sacar provecho político. “Terrorismo incendiario”, ha concluido el presidente Feijoo.

Quizás sea excesivo afirmar, como se ha hecho con rotundidad desde San Caetano, que todos los fuegos del domingo 15 fueron provocados. Es cierto que se han visto demasiadas situaciones que no se explican sin intencionalidad: noventa incendios, por ejemplo, de noche en el entorno periurbano de Vigo. ¿Pero tan así como para centrar y circunscribir lo sucedido a un problema de orden público, como ha asegurado el titular de la Xunta?

Lo que parece evidente es que a la actuación de los pirómanos –tal vez no tan generalizada como se pretende-, habrá que sumar la nada desdeñable concurrencia de una serie de factores extremos que no se dan fácilmente, pero que en esta ocasión sí se produjeron al tiempo: fuertes rachas de viento del huracán Ophelia, sequedad de suelos, hojarasca y árboles, y rápida dispersión de cenizas ardiendo cual teas encendidas. Imposible parar aquello, según testimonios de veteranos agentes forestales. Situación explosiva. No fueron de extrañar, en efecto, las doce horas que Galicia estuvo a merced del fuego.

Y mucho abandono -comprensible- del monte, habría que añadir. Por no rentable, por el despoblamiento del medio rural y por el envejecimiento de las gentes que en las aldeas quedan. No es que el monte esté dejado de la mano de Dios, como ha dicho algún afectado. Pero casi.

En este sentido, de entre los muchos testimonios que se han podido leer estos días me ha llamado la atención por su perspicacia el de una señora de 85 años, de Carballeda de Avia (Ourense). La prevención –decía en medio de la desolación personal y ambiental- pasa por conseguir que los jóvenes que aman el campo no se vayan porque no puedan vivir de él”.

No sé si al final será efectiva la política de reducciones fiscales e impuestos cero en el rural que de un par de años a esta parte viene promoviendo la Xunta y a la que Feijoo se refirió en el reciente debate sobre el estado de la comunidad. Reducciones e incluso impuestos cero para jóvenes y familias numerosas que compren una vivienda en el rural; para cualquiera que adquiera, amplíe o permute una parcela; para inversiones que generen actividad económica en el campo; para actuaciones ligadas a las sociedades de gestión forestal. Ignoro, como digo, si todo ello será efectivo para fijar población, mano de obra, riqueza y desarrollo. Pero parece en principio una política interesante.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar