Mis recuerdos de Gómez Franqueira

De Eulogio Gómez Franqueira se solía decir que era “el hombre con más huevos de España” por su actividad agroalimentaria e industrial. Sin embargo, por eso que se llama “la fuerza normativa de los hechos” aquella caricatura se convirtió en realidad, dando la razón a quienes afirman que la naturaleza imita al arte. Fue posiblemente una de las personas de aquel Ourense de finales de los sesenta y primeros setenta que más veces entrevisté y que siempre me recibió con enorme cordialidad y simpatía.

Recuerdo que en una de las primera entrevistas, en las que repasábamos su vida, le pregunte sobre todo él que opinaba de sí mismo: “Pois que eu son un home esencialmente traballador”. En aquella primera conversación me contó que su verdadera vocación era la de maestro, y me relató –siempre en gallego- algunos episodios de su niñez y de su adolescencia escolar, cuando en la escuela gravaban en los pupitres la expresión “A porca”, referida a España, por estimar que Galicia era una región abandonada y marginada por Madrid. Este sentimiento enlazaba con su trayectoria de miembro de las “Xuventudes Galeguistas”.

Había nacido en Cenlle en 1917, maestro de vocación, para acudir a la escuela de San Amaro, donde tenía su plaza, tenía que recorrer todos los días una docena de kilómetros en bicicleta. Por fin lo mandaron a Castrelo de Miño donde empieza su carrera política, y será concejal y alcalde. A los 42 años se hace cargo de la UTECO de Ourense que acabará convirtiendo en la gran COREN. Ya en democracia fue diputado de UCD, pero volvió a sus pasados ideales y fundó Coalición Galega. Su temprana retirada de la política impidió ver el alcance de aquel proyecto galeguista de centro.

El 10 de junio de 1980 yo me encontraba pasando unos días en Barbate, Cádiz, cuando me llamaron desde un periódico y una emisora de Sevilla, donde tenía algunos compañeros conocidos, para pedirme si podía contarles algo sobre la personalidad de nuestro personaje, quien en la noche del día anterior había sido capaz de poner en fuga a un comando de ETA que pretendía secuestrarlo.
Contaban los terroristas vascos con algunos apoyos en Galicia y el Norte de Portugal, como luego se vería, ya que en Vigo, vinculados al movimiento vecinal, estaban los implicados que brindaron refugio a los escapados tras el fracaso de secuestro de Franqueira. Mis colegas de Sevilla me dieron detalle de lo que se sabía y yo improvisé algunos recuerdos de las ocasiones en que lo había entrevistado para dar un perfil humano del personaje.

Algún tiempo después de aquel episodio, del que no le gustaba hablar, me dijo que varias veces, dado que su casa en Razamonde daba directamente a la carretera, habían permitido usar el teléfono a vecinos o personas a las que se les había averiado el coche, truco al que recurrieron esta vez los etarras, por lo que no tuvieron problema para sorprender la buena de la familia. Las puertas de acceso a la finca solían estar abiertas por lo que la casa era muy vulnerable en ese sentido. Tampoco la casa disponía sistema de seguridad alguno, pese a que, según me contó, le habían advertido que se temía que ETA pudiera contar con la colaboración de elementos del nacionalismo radical gallego para actuar.

La intención del comando dirigido por José Antonio Alcocer Gabaldón, alias “Zapatones” era secuestrarlo para cambiarlo por alguno de sus camaradas presos, aunque inicialmente le pidieron que lo dejarían libre a cambio de 20 millones de pesetas. Franqueira estaba ya en pijama y pidió a sus secuestradores que le permitieran vestirse. En todo momento, como todo hombre tranquilo, supo dominar la situación e incluso tranquilizar a su mujer. El episodio es conocido: ya en la habitación, con el etarra vigilando, se hizo con un revólver que tenía sobre el armario, disparó instintivamente y apagó la luz, tumbándose en el suelo. Las ráfagas de respuesta no lo alcanzaron.

Con su jefe herido, el comando, formado por siete personas, incluida una mujer, escapó con intención de llevarlo a un hospital, pero todos fueron capturados. “Zapatones” fue abandonado en un piso franco de Vigo. Nunca se supo si Franqueira cobró la recompensa que se ofrecía por aquellos delincuentes (dos millones de pesetas de la época). No lo creo y me olvidé de preguntárselo.

Causó gran sorpresa descubrir que ETA contaba con un resguardo de apoyo en Vigo, conectado con grupos de extrema izquierda de Portugal, en concreto un piso franco en la calle de Luciano Conde de Vigo, otro en la avenida de Samil. Esta red criminal se completaba con un garaje en la calle Casiano Martínez. Además del comando, en aquella ocasión fueron detenidos varios vecinos de Vigo.

Años después, un personaje que se movía entonces en ese mundo, me confesó que se había pensado en secuestrar a la condesa de Fenosa, Carmela Díaz de Rábago, pero que se consideraba un personaje más difícil de sorprender. Franqueira había sido vigilando durante tres meses y el comando tenía claro que, hallándose además su casa al borde de la carretera, tenían asegurado una rápida huída. Posiblemente el objetivo era trasladarlo a Vigo para mantenerlo oculto durante unos días. Esa colaboración de determinados sectores del nacionalismo gallego con ETA sirvió a los vascos para ejecutar con éxito el robo de 15.000 carnés de identidad en un depósito de la Comisaría de Lugo. Pero esa es otra historia.

José Antonio Alcocer Gabaldón, militante de ETA (pm) fue condenado a 24 años de prisión por aquella acción. El 18 de diciembre de 1985 fue indultado después de comprometerse a utilizar vías democráticas “sin recurrir nuevamente a las armas”. O sea, que le perdonaron 19 años por las buenas con esa promesa.

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