La secesión de Cataluña ya provoca efectos en el resto de España


En la vanguardia del movimiento contra España figuran hijos de españoles de otras regiones. La anarquista, portavoz de la CUP, Ana Hidalgo es hija de padres emigrados, respectivamente de Huelva y Murcia.

Con independencia de lo que pase el primero de octubre y de sus resultados y efectos, ahora mismo, como resulta evidente, la deriva secesionista de Cataluña ya ha producido efectos devastadores en la convivencia entre los españoles, con independencia de dónde residan, y, sobre todo, con efectos sobre el propio concepto y la naturaleza misma de España que todos los progres de salón, y como hacía Franco, llaman “Estado español”. Estamos, pues, ante una crisis histórica que, de no resolverse en función del interés general puede ser de las peores que hayamos sufrido.
Entre esos efectos uno de los más preocupantes no es que una parte de la clase política y de la sociedad de aquella comunidad deseen abrogar la Constitución y el sistema jurídico para alcanzar a la brava sus objetivos políticos, lo peor es que en el resto de España, y el asunto va más allá del debate intelectual, haya personas que asumen, comprenden y justifican, en ocasiones con rebuscados argumentos jurídicos, los argumentos y pretensiones de los secesionistas. Y estas mismas personas, a veces desde afinidades ideológicas con los extremos del nacionalismo radical, llegan a aceptar como un hecho incuestionable que España no es ya la nación donde han nacido, sino un conglomerado no estable de pueblos que es preciso redefinir y volver a organizar.
Una de las evidencias más llamativas de todo el proceso, lo representa el hecho de que en la vanguardia del movimiento secesionista que predica contra España, figuren personajes hijos de españoles, de otras regiones unos nacidos en Cataluña y otros no. En este caso, es de señalar que la proto anarquista Ana Hidalgo es hija de padres emigrados, respectivamente de Huelva y Murcia. Estos casos, a quienes en Cataluña se ha llamado en otro tiempo “charnegos”  denotan hasta qué punto el proceso contiene elementos difícilmente comprensibles, sobre todo cuando aparecen, como la citada portavoz de la CUP en la vanguardia de la hostilidad hacia España.
Repito una y otra vez que, dado que no se pueden invocar elementos étnicos para reclamarse “catalanes”, hemos de considerar como tales, obviamente a todos los españoles y extranjeros nacionalizados con vecindad civil en aquella región. Y salvo las particularidades del Derecho Civil Foral o las consecuencias administrativas de aquella comunidad, en nada se pueden diferenciar en derechos y deberes de los demás españoles, cosa que a veces se olvida, como lo hace el PSOE de Sánchez.
Se puede criticar al Gobierno de Rajoy por muchas razones, pero no por aplicar la Ley. E incluso, como muchos pensamos, por hacerlo tardo. Y en cuanto se acusa al Gobierno de provocar el conflicto, parece que se pretende que ante la presión de Cataluña sobre el Estado, se cediera sin más en sus pretensiones, usando, entre otros recursos, para atacar al Estado, la alusión perpetua a la reforma que el Constitucional hizo en apenas unos pocos artículos sobre el total de Estatuto de 2006, que de suyo suprimía de facto la presencia del Estado mismo en aspectos esenciales de las competencias que ejerce en el resto del territorio nacional.  Y para todo esto se pone en marcha un repertorio manido de expresiones convenidas: Conflicto territorial, encaje de Cataluña en España y sobre todo, “El hecho diferencial” que un catalán tan expresivo como Albert Boadella no encuentra por parte alguna. Pero en este asunto no se debe olvidar la frívola colaboración del ex presidente Zapatero, quien dio todas las facilidades para que se iniciara un proceso que ahora se decanta, como era de prever.
Hans Kelsen, uno de los mejores juristas de nuestro tiempo, especialmente en lo que se refiere al Derecho, la Teoría del Estado y la Democracia, decía que una norma jurídica es más eficaz cuando se cumple por convencimiento que por miedo a la sanción de no hacerlo. En Cataluña, como en el resto de España en no pocas cuestiones, no se ha hecho la didáctica necesaria para entender que la Ley está para ser cumplida mientras esté vigente, aunque eso no quiere decir que sea inamovible, sino que debe reformarse cuando es necesario.
A no pocos de los que predican contra la realidad actual de España y amparan, justifican o envidian la secesión de Cataluña, les vendría bien la lectura de la “Teoría general del Estado” de Kelsen. Superando las teorías de la Sociología y la Política, de sus funciones o de su utilidad. Kelsen recurre a la paradoja para decir, nada menos que “el Estado es una ficción, no existe; lo que existe es el Derecho. El Estado es una ficción resultado del uso del discurso del Derecho”.
Dicho de otro modo, que es el Derecho lo que enmarca en todo momento la vida social, la libertad, la democracia y el progreso y obviamente la política. En Cataluña se ha prescindido del Derecho y se ha creado una ficción jurídica. Y lo que es peor, cuando se aplican las normas que el Derecho prevé cuando se vulneran, se dice que en lugar de hacerlo deberían aplicarse “medidas políticas”, “no judicializar la vida pública”, etc.  Pero, ¿qué clase de política se puede aplicar al margen del Derecho?


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