No escuchan a la gente


El 75 por ciento de los españoles opina que los partidos no se ocupan de lo que piensa y preocupa a la gente, según el CIS. Ya lo decía don Ciprián de Penalva: “Eles van ó seu” y lo suyo es permanecer en el poder y mantener el escaño.

El pleno del Congreso de la semana pasada es una de prueba de la desconexión de los políticos de la realidad de la calle. Es verdad que los ciudadanos perciben la corrupción como un problema serio que repugna y corroe los cimientos de la democracia, pero en palabras del profesor José Luis Villacañas, “la corrupción ha dado de sí todo lo que podía dar electoralmente hablando” y ahora está en manos de los jueces, que cumplirán con su obligación juzgando cada caso. Por eso, forzar un pleno sobre la trama Gürtel por la que el presidente ya declaró, que tiene abierta una Comisión de investigación y está en manos de la justicia fue legítimo, pero no tenía sentido, ni aportó nuevos datos, ni fue rentable para la oposición.

En el debate, agrio y bronco, sus señorías tenían más interés en destruir la imagen de Rajoy que preocupación por la corrupción y ya cansan a los ciudadanos. Que dejen actuar a la justicia y colaboren con ella.

El país necesita debates sobre otros problemas. Cuestión catalana aparte, de consecuencias imprevisibles, ¿por qué no se ocupan de la educación, que empieza un curso más sin acuerdo? ¿Por qué no debaten sobre las pensiones que tienen un millón de cotizantes menos para pagar 1,2 millones de pensiones más? ¿O sobre la deuda pública, que hipoteca a cada español en 24.500 euros? ¿No les parece urgente adelgazar las administraciones, hipertrofiadas e insostenibles? ¿O abordar el cambio de modelo productivo para no depender tanto de la volatilidad del turismo? ¡Vaya si tenían asuntos
que debatir!.

En Galicia no hubo pleno en el Hórreo, pero los políticos se divirtieron en agosto con el Pazo de Meirás -¡la gran preocupación de los gallegos!- okupado simbólicamente por activistas del BNG. Es curioso que también en agosto fueron okupadas unas viviendas en A Coruña y ningún partido desplegó sus banderas para apoyar a los propietarios de esos inmuebles.

La okupación del Pazo por lo que queda de la familia Franco y el franquismo residual atraen más la atención de los políticos gallegos que la alarma social que crean los okupas y la inseguridad y el desamparo que sienten los ciudadanos.

Lo dicho, los políticos, también lo de aquí, van a lo suyo, no escuchan a la gente.


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