Política, ética y realidad

Los griegos, como se sabe, disponían de un sistema político en el que muchos, muchos ciudadanos participaban en algún momento de su vida, por supuesto temporalmente, en la gestión ordinaria de la cosa pública. Incluso para algunas de estas actividades se recurría al sorteo como sistema de selección. De esta forma gran parte de la ciudadanía, con el paso del tiempo, adquiría una cierta experiencia en el manejo de los asuntos públicos, encontrándose así en mejores condiciones de juzgar a los gestores y administradores de la res pública.

Obviamente, hoy la política ha cambiado y se requieren para algunas actividades unos conocimientos y unas capacidades especiales. Quien lo puede dudar. Sin embargo, el que muchos ciudadanos asuman responsabilidades públicas en algún momento, evitando la tendencia, todavía presente,  a que siempre estén los mismos o sus afines en la rectoría de las cosas públicas, es algo bueno, muy bueno para la salud democrática y para una mejor comprensión por parte del pueblo de la actividad política.

La razón de ser de la política es la mejora de las condiciones de vida de las personas. Su ejercicio correcto puede coadyuvar a resolver muchos problemas de las personas en su dimensión colectiva.  Cuándo la cabeza, y la voluntad, se centran en la resolución de los problemas de la colectividad, en cómo mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, entonces, aparece la mentalidad abierta, la metodología del entendimiento y, por supuesto, la sensibilidad social.

Sin embargo, como bien sabemos, es posible, y no poco frecuente, otra forma de estar y de trabajar en política. En efecto, con frecuencia  se aspira a permanecer y a conservar el estatus. Hay, no son pocos son auténticos profesionales de la conservación del poder por el procedimiento que sea. En este contexto, los problemas reales de las personas son secundarios porque lo primario y principal es tejer relaciones inquebrantables que blinden la adicción al mando.

Las encuestas que en este tiempo se dan a conocer acerca de la opinión de la ciudadanía acerca de los políticos y de la política son bien conocidas y no merecen mayores comentarios.

La regeneración política, tan cacareada como inédita, y la recuperación de los valores democráticos,  es cada vez más urgente. ¿Serán capaces los políticos, contando con la participación ciudadana,  que nos han tocado en suerte en este momento de tomar conciencia de lo que pasa en el cuerpo social, y de una vez buscar un sincero acuerdo y entendimiento para que este país ocupe el lugar que por derecho propio le corresponde en el mundo?.

 

Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho Administrativo

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