Vuelve la censura


El instituto vasco de la mujer censuró varias melodías en las que aprecia un tinte machista y misógino y establece lo que es “cantable” en las fiestas populares, en los txiringuitos y txosnas. Entre las canciones excluidas de la play list están Cuatro babys, de Maluma, Me enamoré, de Sakira y Despacito, de Luis Fonsi, que ostenta el título oficioso de “canción del verano”.

Ya se sabe que la mayoría de las canciones hablan de amor y de celos, de encuentros y deseos y abundan en requiebros pero, salvo algunas letras groseras, no son peligrosas muestra de machismo.

No lo entiende así el organismo vasco, que traslada sus obsesiones a la sociedad e imputa apología del maltrato y abuso de la mujer a unas letras que, seguro, pasan desapercibidas a la gente que se divierte en las romerías y discotecas. ¡Manda huevos!, diría Federico Trillo.

Hace años, los celosos guardianes del régimen anterior analizaban la letra de las canciones para “censurar” –con poco éxito– las frases que hacían referencia negativa a la situación política. Presiento que el IVM, con esta censura, tampoco tendrá mucho éxito en la lucha por la igualdad de género que requiere otras acciones, quizá menos mediáticas pero más efectivas para acabar con la lacra del machismo recalcitrante.

Pero que nadie se disguste, siempre nos quedan los “clásicos” de los setenta, como Julio Iglesias, Raphael, Escobar, nuestro paisano Juan Pardo y muchos otros cuyas melodías siguen cautivando porque despiertan y avivan un sinfín de sentimientos.

A aquella generación de intérpretes también pertenece Peret y sus rumbas, que no sobresalen por la calidad poética de las letras, pero musicadas transmiten alegría de vivir. Ahora mismo reconforta escuchar el estribillo de una de ellas: “Es preferible reír que llorar y así la vida se debe tomar, los ratos buenos hay que aprovechar, si fueron malos mejor olvidar”.

Es un sabio consejo para tomar distancia de la actualidad rabiosa y preocupante que no da tregua ni siquiera en este agosto vacacional y sigue saturándonos con declaraciones de políticos incompetentes, la deriva del “procés” y las exhibiciones de la CUP, las plurinacionalidades, la turismofobia, el conflicto enquistado del Prat y ahora la ocurrencia del IVM.

Si se añade lo que previsiblemente nos espera en octubre, hay que concluir que un vendaval de locura recorre el país. Por eso, “es preferible reír que llorar” porque, sentenció Julio Iglesias, la vida sigue igual.


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