Vivan los mossos


Bajo el título de “Tirar a matar”, un ilustre articulista del autollamado “periódico global” se mostraba el otro día “sorprendido sobremanera” de que en un país con tanta experiencia en echarse a reñir incluso en los momentos más sagrados no se hubiese utilizado uno de los datos más notables de lo ocurrido en Cataluña: seis presuntos terroristas muertos por disparos de los mossos.

Abatidos”, se convino en decir suavemente para no utilizar expresiones más crudas, como “matar” y similares.. Ninguna polémica al respecto. Elocuente silencio. O más bien, aplausos en silencio, compartiendo en la intimidad aquel exabrupto de Manuel Fraga de que “el mejor terrorista es el terrorista muerto”.

Y el articulista en cuestión se preguntaba y autorrepreguntaba con cierta lógica qué había cambiado en España en pocos años para que nadie pusiera en duda si los agentes habían actuado correctamente o no; si al menos en algún caso hubiera sido suficiente con malherir al acorralado disparándole a las piernas, hacerse cargo de él para luego sacarle toda la información posible y entregarle finalmente a la Justicia.

El asesino múltiple de La Rambla, a quien los mossos fueron a buscar con un gran despliegue cuando se escondía entre unos viñedos tuvo peor suerte que el terrorista marroquí que en Finlandia acababa de acuchillar hasta la muerte a dos personas y que aún blandía su cuchillo cuando fue herido y detenido para ser después interrogado y responder ante los Tribunales.

¿Qué ha cambiado en este país que para que ello haya sido así? La pregunta no resulta difícil de responder: que al nacionalismo catalán y a su brazo policial –los contundentes mossos- se les perdona todo. Realmente no ha cambiado nada. Así viene siendo de un tiempo a esta parte. Dudo muy mucho que a la Guardia Civil, por ejemplo, se le hubiera permitido sin ningún reproche social, político y mediático ese “tirar a matar”.

La catarata de elogios al “buen hacer” de la Policía autonómica catalana ha sido enorme, a pesar de todos los pesares y de fallos tan clamorosos como el no haber ni olido la explosión de Alcanar y la actividad delictiva que desde medio año antes se venía desarrollando en el chalé de marras. Con un Gobierno de la derecha en el poder, la respuesta dada la juez que sugirió la posibilidad de estar ante una fábrica de explosivos (“No exagere, señoría”) habría pasado a la antología de los despistes y errores policiales más imperdonables.

No hablemos ya de los bloqueos operativos y de información a que, por orden superior, sin duda, los mossos han sometido a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, con mucha más experiencia que la Policía autonómica en situaciones críticas como las vividas allí estos días. No se entiende mucho o nada, pues, la persistencia de Rajoy y del Gobierno de la nación en desmentir y negar tales fricciones. Porque colaboración no ha habido nunca y en este caso, menos.


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