Tormenta de verano


Compro el periódico una mañana de agosto y leo acerca de una nueva mujer asesinada por su ex pareja. Pongo los informativos de televisión y, además de las fiestas gastronómicas y el golpe de Maduro, la violencia contra las mujeres está otra vez entre los titulares del día.

Si nos atenemos a la estructura informativa de los medios estos días, podríamos concluir que a los españoles nos interesan de manera muy especial las predicciones metereológicas, el incierto desenlace del golpismo en Venezuela y la lacra del maltrato hacia las mujeres por sus ex maridos, novios o parejas.

Podría pensarse que las campañas de sensibilización van, poco a poco, calando en la población y que cada vez se denuncian más los casos de maltrato. También podríamos pensar que nuestros medios de comunicación son cada vez más sensibles al tema y que le dedican sus portadas para que las víctimas y sus verdugos no caigan en la trivialidad de lo cotidiano.

Pero no. Es sorprendente constatar que lo que nos cuentan los medios sobre la violencia machista no es, en absoluto, el reflejo de una preocupación ciudadana. La realidad que dibuja el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es diametralmente opuesta. A los españoles les preocupa bien poco la violencia que sufren las mujeres. Los datos son inapelables y tristemente contundentes: sólo el 1,4% de la población sitúa a la violencia contra la mujer en su listado de preocupaciones.

Llama profundamente la atención que al tiempo que en el Congreso de los Diputados se consigue el hito de llegar a un pacto de Estado contra la violencia de género (con 200 medidas y mil millones de euros para frenar esta lacra) el CIS deje constancia de que para una abrumadora mayoría de los españoles el maltrato y la violencia machista es un asunto marginal.

El CIS ofrece una estadística aún más preocupante: los problemas relativos a la igualdad de género, la discriminación o la brecha salarial sólo preocupan a un 0,4% de la población.

Todo esto sucede al mismo tiempo que los informativos de televisión nos cuentan día a día el triste caso de Juana y sus pequeños. Las tertulias que aún se mantienen en verano le dedican parte del prime time y los diarios aportan cada día nuevas lecturas sobre el conflicto jurídico del caso.

Se me ocurren varias reflexiones. La primera es que a los ciudadanos no les preocupa la violencia de género como un fenómeno social. Lo que les preocupa y les hace estar pegados a la televisión es el morbo del caso concreto: el de Juana y sus niños en esta ocasión. Pero cuando el encuestador del CIS se lo pregunta, Juana desaparece y las víctimas anónimas pasan a ocupar la última de sus preocupaciones. ¿Somos así? …Prefiero pensar que esto es solo una tormenta de verano.


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