Llora el rural


 

Hablar de los incendios en verano se convierte en una sección particular en cualquier medio de comunicación. Desde pequeña, y ya van unas cuantas décadas, encuentro entre mis recuerdos la nefasta cita veraniega con algún fuego que dejó en vela a todos los que se encontraban a mi alrededor. Lo más interesante de todo es que los lamentos que escuchaba entre mis mayores siguen repitiéndose en la actualidad. La diferencia es que ahora se cuenta con medios de extinción mucho más potentes y rápidos que entonces, donde la colaboración vecinal era la única arma, más o menos efectiva, con la que se contaba.

Y con esta perspectiva me quedé hace 24 horas mirando hacia una infame bola de fuego nocturna que a pesar de su lejanía, me recordaba las veces que llevo revolviendo la mirada a tanta destrucción. Nada ha cambiado en el resultado a pesar de la repetición de la misma realidad. Pero sí que veo un hartazgo latente que aún no entiendo como podemos seguir controlando. No voy a entrar en todas las causas, desarrollo y conclusiones que he podido escuchar en estos últimos años. Tampoco voy a dejar la culpabilidad en la intencionalidad de cuatro locos incendiarios, delincuentes desgraciadamente los tenemos todos los días….Tampoco voy a entrar en los grandes planes de prevención cacareados todos los años por nuestros gestores. Y mucho menos, voy a entrar en el conformismo de nuestros vecinos ante tanta destrucción constante. Esta delincuencia medioambiental posiblemente empieza en el propio abandono de lo más cercano a nuestra esencia que se encuentra en el rural. El lugar al que siempre tenemos que recurrir para la propia supervienvia y que tan abandonado tenemos de reformas, planes de estructuración, revitalización de servicios, desarrollo sostenible etc…. Y tal vez, el prinicipio de este abandono se encuentre en los propios medios de comunicación. Junto al despliegue de medios aéreos para la extinción de los incendios aparece el despliegue de los periodistas con unidades móviles que nos cuentan en directo esta masacre indigna de una sociedad avanzada. Sería interesante que estos mismos medios estuvieran igual de cercanos cuando se abandona el monte todos los inviernos, denunciando su situación, o en el resultado de tanta madera quemada, conociendo su destino y, especialmente, sus destinatarios. Sería imprescindible investigar si se cumple la normativa en la contratación de brigadas y medios que , por cierto, pagamos entre todos, para extinguir incendios en terrenos privados y comprobar el futuro de esa explotación.

Nada se ha hecho al respecto, y por tanto, no encontramos conciencia de un rural respetado y valorado. Deberíamos estar hartos de tantas lamentaciones que se repiten cada año. Deberíamos estar hartos de noticias que repiten el argumento entre el sollozo vecinal y la rabia de los más asqueados.

Dice un hermoso proverbio indio,”cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado, el último pez pescado, solo entonces e hombre descubrirá que el dinero no se come”…. Lo malo de ello es que entre todos habremos dejado que esto ocurra, y los primeros en caer seremos los de siempre. Y para nuestros gestores también una reflexión; podrán engañar a los votantes pero no a la naturaleza…..


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