La sabiduría del homo videns


En nuestra sociedad actual se mezclan muchos conceptos. Es esta globalidad que nos aturulla en el caminar diario por nuestro microespacio. Las referencias son siempre desde la ciencia estadística, poniendo número y pico a las opciones políticas hasta a las veces que bebemos un refresco. Si todo esto lo aderezamos con un buen visionado de imágenes televisivas, nuestra sabiduría personal puede estar muy lejos de la reflexión personal y enriquecedora, propia de los seres humanos. La lectura pausada de diferentes pensamientos, argumentaciones, teorías, etc.. nos vincula a un conocimiento mayor, muy diferente a sentirse informado. No sé si, precisamente, el hecho de desligar el estudio de la filosifía del sistema educativo sea un innovado empuje a ese nuevo Homo Videns del politólogo Sartori. En mi última experiencia laboral con adolescentes me llamó la atención la preferencia de informarse con la televisión o en las redes sociales porque son más rápidas y entretenidas. La lectura pausada y crítica de un periódico quedaba relegada a una ínfima minoría, al igual que la falta de interés por la lectura como actividad cotidiana.

Y a pesar de estas evidencias, seguimos hablando de la cultura de nuestra civilización occidental frente a otras muy diversas, que parecen encontrarse en una guerra santa permanente con la nuestra. Radicalizamos los mensajes diariamente como una necesidad de llegar lo antes posible a ese nuevo personaje vinculado a la información fácil, y alejado, cada vez más, de la vital sabiduría que se debería forjar día a día en nuestra existencia. Me comentaba hace poco un buen amigo, a propósito de las redes sociales, lo impactante de evidenciar que muchos de sus contactos eran capaces de darle al socializador “me gusta” sin tan siquiera preocuparse de preguntar dónde está ese hermoso lugar que se reproduce, o ese texto a quién corresponde. La inmediatez refleja en nuestro espejo mañanero mucha desidia por el saber. Será por ello que, al final, siempre dejamos que los problemas políticos los resuelvan los políticos, o que esta inseguridad que nos azecha sea un problema a combatir indefectiblemente por las fuerzas de seguridad correspondientes. La reflexión en ambos casos nos tendría que llevar a todo lo contrario. Parece que nuestro trabajo como sociedad queda emplazado a manifestarnos en las calles, que para estas cosas sí que son de todos, y a algún que otro altar anecdótico al respecto.

Estamos, precisamente, en un fin de semana de calle y de sentido solidario contra el terrorismo que nos persigue. Llevamos una semana de teorías policiales, soluciones políticas y de errores en la seguridad internacional. Pero en cambio, poco hemos aprendido sobre el conflicto en cuestión, ni mucho menos sobre el radicalismo islamista, las relaciones politicoeconómicas con estados colaboradores y, ni tan siquiera, sobre las crecientes relaciones de odio con los diferentes. Tal vez sea el momento de rescatar alguna reflexión del estadounidense Chomsky cuando apelaba a que “el propósito de los medios masivos no es tanto informar sobre lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo a las agendas del poder corporativo dominate”…. En nuestra actitud estará la contrarespuesta a esto, regresando a una sociedad que vuelva a un pensamiento múltiple y diverso.


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