Turno para Galicia

La vorágine de la vida contemporánea nos ha roto todos los esquemas temporales. En este momento de despegue del nuevo PSOE, de empezar a pisarle los talones al PP nacional, los socialistas contemplamos el entorno de nuestro barril de Diógenes y de nuevo, con la lámpara en las manos, nos vamos a empeñar en la búsqueda de “hombres honestos” para dirigir el partido en Galicia. Y lo hacemos con la sensación de vivir en orfandad desde hace una eternidad. Pero no es cierto, sólo han pasado veinte meses desde la dimisión de José Ramón Gómez Besteiro como secretario general y de la implantación de la gestora más plana y onerosa de la historia.
Quizás por esa visión de inoperancia y trapisondas del equipo gestor, en medio del torbellino de los acontecimientos próximos y lejanos, es por lo que la sociedad gallega tiene la sensación de muerte súbita del PSdeG-PSOE, con la excepción de las algarabías del alcalde de Vigo, que en nada benefician a la imagen de un socialismo responsable.

En el triunfo de Pedro Sánchez Galicia ha tenido voto, pero no ha conseguido ni voz ni poder en el reparto de la nueva estructura. Tras el 39º Congreso Federal, las principales organizaciones territoriales se han apresurado a convocar sus primarias y a resolver sus congresos en caliente, mientras en Galicia, una vez más, se han aparcado las prisas para después de las vacaciones. Quizás con la intención de que la cocina tenga tiempo de elaborar recetas a su gusto.

Está claro que aquí no percibimos igual el paso del tiempo. No obstante, la ciudadanía vuelve a mostrar ganas de socialismo al ver como se desinfla el globo de las Mareas por sus propias contradicciones internas y comprobar que la única alternativa pragmática y real de la izquierda sigue siendo un PSOE fuerte. Razones por las que la convocatoria de las primarias gallegas para el ocho de octubre se presenta como un arrebato de campanas al que acudirá la militancia. Y esta lo hará con la esperanza de haber concluido la travesía del desierto.

En un panorama algo más clarificado, con la derrota de Abel Caballero frente a Pedro Sánchez –lo que le ha obligado a desistir de liderar al partido en Galicia–, tres candidatos “sanchistas” optan a la secretaría general. Dos se corresponden con la lógica de los últimos acontecimientos, Xaquín Fernández Leiceaga y Gonzalo Caballero. Y un tercero casi desconocido, que salta a la arena como el tapado de la gestora, Juan Manuel Díaz Villoslada.

La militancia tendrá claro que cualquiera de ellos va a estar en sintonía con el destino federal del partido. No hay conflicto. La idoneidad de la elección vendrá dada por la capacidad de liderazgo social y para el dialogo orgánico, además de los votos de las bases.

De momento da la sensación de que cuentan con implantaciones territoriales propias. Villoslada, A Coruña. Leicega, Santiago. Caballero, Pontevedra-Vigo. No obstante esto es un espejismo aunque la territorialidad siempre haya tenido gran importancia en el seno del PSdeG. La experiencia de Pedro Sánchez, casi como un déjà vu restaurador del espíritu maltratado de Borrell, no va a enfriarse de repente. Estas primarias gallegas pueden ser, por primera vez, una gran experiencia de democracia interna real que, en lugar de generar nuevas divisiones, siembre fortalezas.

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