¿Vacaciones?

El paro baja y la economía sube a gran velocidad, el turismo abarrota los hoteles y Rajoy se ve saliendo con éxito de la primera comparecencia de un presidente del Gobierno en ejercicio como testigo en un proceso por corrupción.

Todo parecería dispuesto para unas vacaciones idílicas, si no fuese por los que se empeñan en afirmar que los nuevos empleos apenas llegan a los jóvenes ni a los mayores de 45 años, que la temporalidad sigue siendo la nota dominante y que no se frena el crecimiento de la desigualdad, también la territorial, con provincias como Ourense que no encuentran la salida del pozo ni alternativas a su despoblación.

Tampoco la mayoría parlamentaria, que no social, de Cataluña permite ni se permite descanso, empeñados como están en caminar hacia la desconexión mediante el expeditivo sistema de silenciar a la oposición e intentar liquidar con una ley apisonadora la normativa que se oponga a sus pretensiones.

Ni en el PSOE se avienen al descanso reparador, aunque las encuestas les otorguen a los socialistas tímidas subidas por primera vez en mucho tiempo, con Andalucía perfilándose como la aldea gala que resiste a la nueva mayoría y como símbolo de que la reconciliación está aún lejos.

Podemos y sus confluencias debaten sin descanso cómo organizarse y reorganizarse en cada lugar y circunstancia.

Parece que no va ser Cristina Cifuentes la única en quedarse sin unas relajantes vacaciones. Aunque lo de ella es voluntario, según dice. Debe de ser otra consecuencia de la reforma laboral. Urge abordar la obligatoriedad del descanso vacacional. Aumentar el nivel de estrés de los políticos puede ser nefasto para la ciudadanía.

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