Orgullo


Hace exactamente un año daba la enhorabuena a una mujer, gallega, lucense, investigadora del CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) por recibir el premio L’Oreal Paris USA-MRA Team Science for Women in Scientific Research, concedido por la Alianza para la Investigación del Melanoma. La investigadora: Marisol Soengas. Este premio fue el primero que reconoció la colaboración de mujeres investigadoras en el campo del melanoma maligno.

Hace unos días comprobaba una vez más que estamos ante una científica de alto nivel. El grupo de investigación que dirige la doctora Soengas ha conseguido desvelar el origen temprano de la metástasis del cáncer de piel más agresivo.

Es un avance de relevancia para identificar nuevos marcadores de la metástasis y que, como la propia doctora Soengas afirma, “abre nuevas vías para el tratamiento farmacológico”. Pero no quiero, ni debo, (pastelero a tus pasteles) entrar a valorar las consecuencias científicas. Quiero claramente poner de relieve que este equipo de investigación, que está a la vanguardia en la lucha contra la enfermedad que más nos afecta, está liderado por una mujer.

¿Por qué es necesario poner el acento en su condición femenina se preguntará usted? Pues es necesario porque son pocas las mujeres que dirigen equipos de investigación. Las facultades están llenas de chicas pero a medida que subimos en el escalafón jerárquico ellas van desapareciendo como por arte de magia.

En España, sin ir más lejos, sólo el 22% de las sociedades científicas está dirigido por mujeres. Otro dato: ellas representan el 51% de los estudiantes de doctorado, pero cuando se trata de ocupar puestos de responsabilidad la cifra cae en picado al 19,5% (datos del Ministerio de Economía).

La historia de la ciencia está plagada de mujeres que fueron apartadas de los podios, de los reconocimientos, de los premios. Incluso se llegó a robarles la autoría de trabajos e investigaciones científicas para que algún doctor ambicioso y sin escrúpulos se apropiara de los descubrimientos. Sólo por citar algunas:

La francesa Marthe Gautier, con sus 90 años, lucha aún hoy en los juzgados para ser reconocida como la verdadera descubridora del cromosoma 47 y no su colega Jerôme Lejeune, quien se apropió como único autor del descubrimiento de la causa del síndrome de Down.

Lise Maitener avanzó el concepto de “fisión nuclear” y la posibilidad de una reacción en cadena, pero fue su compañero de trabajo, Otto Hahn quien recibió el Nobel años después sin tener la decencia de reconocer su trabajo.

Estas científicas que durante siglos han estado marginadas de la visibilidad social, cuando no despreciadas, merecen hoy el máximo reconocimiento. Ellas ya no están para verlo, pero sí está Marisol Soengas, su generación y las que vienen. Por ello es necesario destacar su condición femenina . Para que quede claro que es un orgullo que sea una mujer quien lidere la investigación oncológica en España.


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