A las ricas zanahorias y otras especies


 

Parece que ya tenemos techo de gasto para el año que viene. Bien está. Me llama la atención cómo en los últimos años se han incorporado a nuestro lenguaje diario expresiones tan novedosas en el ámbito económico. Recuerdo aquella “prima de riesgo” que estuvo un añito entero de nuestra existencia como parte casi de nuestra familia. Nos levantábamos con ella, se conectaba en directo para saber su evolución y nos acostábamos pensando qué sería de ella a la mañana siguiente. Llevamos ya vario años que nadie se preocupa de la pariente… Serán cosas de Dragui.

Pero ahora tenemos algo más importante, el techo de gasto. Llevamos ya dos años donde tertulia que se precie tiene que hacer apartado especial al respecto. Será porque nuestro cinéfilo ministro de hacienda toma protagonismo para hablarnos de subidas y bajadas de impuestos, de déficit presupuestario y de zanahorias. Hermosa metáfora para explicar que todo es posible para llegar a la aprobación parlamentaria. Aquello de “estos son mis principios y si no le sirven aquí tengo otros” ayuda a entender nuestra actual coyuntura como país. Nunca estaré de acuerdo con esa maliciosa opinión de que todos los políticos son iguales. Siempre me ha parecido diabólico para la democracia y el respeto a la representatividad. Pero hay que reconocer que los primeros que utilizan este argumento son los propios representantes de nuestras fuerzas políticas. La crítica actual se basa en ese estúpido “y tú más”, desnudo de argumentos y mortífero para la honestidad pública a la que se deberían. Lo podemos aplicar en cualquier aspecto del discurso de la política, tanto si hablamos de corrupción como de gestión de la cosa pública. Estúpida manera de defender lo indefendible que se lleva lo más importante, las soluciones y correcciones de nuestro sistema. Parece la zanahoria que nos enseñan todos los días para picar en el disimulo diario ante los problemas reales de nuestra sociedad.

Y es efectiva, porque es el argumentario letal para nuestro derecho de opinar con su consiguiente deformación de la misma. Mordemos la zanahoria y digerimos la ciénaga en la que se convierte el espectro de la política de calle.
También en esto somos responsables. La sociedad no puede pasar de puntillas ante arrojos faltos de democracia en las opiniones sobre los hechos. Es una obligación leal con nuestro sistema saber informarse para opinar en libertad y saber que hay detrás de la zanahoria.

Decía el sociólogo Bourdeau, “La información es demasiado importante como para dejarla en manos de los periodistas”. Tal vez sea demasiado estructuralista, pero sí que sería importante saber elegir bien para considerarnos bien informados y , especialmente, más libres a pesar de las tentaciones de las zanahorias.


© 2011 Galega de Comunicación e Información, S.L.U. - Aviso legal - Contacto