La lucha por la libertad

El día 13 de este mes fallecía víctima de un cáncer terminal, Liu Xiaobo, premio Nobel de la Paz y famoso disidente chino que paso buena parte de su existencia al menos los últimos años,  privado de la libertad por el sencillo hecho de reclamar libertad y democracia en China. Algo que en el gigante asiático no es tolerado por unas autoridades que, sin embargo, cuándo vienen a Europa, son recibidas con todo lujo de protocolo y oropeles.

El régimen chino criticó en su día abiertamente la concesión del premio Nobel de la Paz a Liu Xiaobo. La esposa del disidente, la poetisa Liu Xia, consiguió  en 2010, año del galardón,  autorización  de las autoridades para comunicar la distinción a su marido en la cárcel. Eso sí, por el módico precio de renunciar a expresarse ante los medios de comunicación y a su libertad de movimiento.

¿Quién fue Liu Xiaobo? Liu Xiaobo fue un disidente chino encarcelado  por ser  uno de los redactores e inspiradores de la denominada Carta 08, un documento elaborado con ocasión del sesenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el que reclamaba democracia y libertades para su país. La razón de la detención de septiembre de 2009 es la más utilizada por los regímenes totalitarios: incitar a la subversión del poder del Estado difundiendo rumores y difamaciones contra el buen nombre y prestigio del gobierno.

En realidad, tal y como los lectores estarán pensando, Xiaobo estaba en prisión sencillamente porque el sistema comunista chino no tolera que uno de los coautores del manifiesto conocido como la Carta 08 estuviera en libertad. En este manifiesto, redactado con ocasión del sesenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, simplemente se reflexiona sobre la realidad de la violación sistemática en China de los más elementales derechos humanos y se reclama democracia y reformas. Declaración que molesta sobremanera a las  autoridades políticas,  al igual que contraría gravemente al régimen el intento de recuerdo a principios de junio de cada año de la matanza de Tiananmen.

Liu Xiaobo estuvo en las manifestaciones de Tiananmen, lo que le costó veinte meses de cárcel y un internamiento en un campo de redención a través del trabajo. Un peculiar sistema de represión en el que se “procura” la redención, a través del “trabajo” de aquellos que se desvían de la ciega sumisión debida a la tecnoestructura comunista china.

En fin, que en China la libertad de expresión sale muy cara. Se paga con la cárcel. El caso de Xiaobo, que fue uno de los disidentes más conocidos por su notoriedad internacional, así lo atestigua. Otros muchos, que no tienen fama mundial, no son conocidos pero igualmente son reprimidos y castigados. En otras latitudes, la libertad de expresión, aunque no sale tan cara, se castiga sencillamente con el confinamiento a la propia conciencia porque el espacio de la deliberación pública es el patrimonio del pensamiento único.

Las autoridades chinas, como era de esperar, desafiaron  en 2010 al Jurado del Premio Nobel argumentando que se le  concedió a un delincuente y que la decisión es blasfema por haber incumplido el propio espíritu de los Nobel distinguiendo a un personaje como Liu Xiabo. Sin comentarios. La lucha por la libertad vale la pena, y cuándo cuesta la cárcel, más todavía. Algún día, los chinos, todo el pueblo chino, rendirá homenaje a los mártires de la libertad, y entonces Liu Xiaobo tendrá un lugar destacado esta gran batalla que también se libra en otras latitudes, formalmente democráticas, pero materialmente autoritarias.

 

Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho Administrativo

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